Por: Fernando Durán Ayanegui 6 septiembre, 2015

Década de 1990. De regreso a Montreal después de visitar, en otra ciudad canadiense, una exposición de obras de Picasso pertenecientes al Museo de Arte Moderno de Nueva York, al salir de la estación de autobuses mi acompañante y yo abordamos un taxi.

Al oírnos hablar, el conductor nos dijo cautamente en francés, con un acento que no podíamos identificar de inmediato: “Reconozco la lengua que ustedes hablan. Mi hija lleva actualmente, en la escuela secundaria, un curso electivo de español”. Celebramos el comentario y agregamos que la niña había escogido bien, ya que hacía poco el español había sido declarado tercera lengua oficial de la provincia de Quebec. Una cosa llevó a otra, y cuando lo consideré oportuno le pregunté de qué país procedía él, a lo que respondió lacónicamente: “De la Yougoslavie, monsieur ”. Ya la Federación yugoslava había sido demolida por el mazo imperial de la OTAN, así que fue un desliz preguntarle desde cuál fragmento de su destruida patria había emigrado a Canadá. “De Sarajevo, monsieur ”, musitó.

Como sabíamos bastante bien lo que había sido el martirio de Sarajevo, no nos atrevimos a indagar más; pero el educado inmigrante tomó la iniciativa para decirnos que no tenía cómo agradecerle a Canadá la humanitaria acogida que les había deparado y la oportunidad educativa de la que disfrutaba su hija.

“Ahora, gracias a que los canadienses nos sacaron de aquel infierno, sin duda ella tiene un futuro. Figúrense que yo alcancé a abordar el helicóptero de rescate cargando a mi pequeña como si fuera un saco de patatas mientras oía cómo silbaban las balas a mi alrededor, y lo siguiente que recuerdo haber entendido con claridad fue la noticia de que me ofrecían refugio en este maravilloso país”.

Nos despedimos de él deseándole buena suerte y ahora, cuando recuerdo el episodio, pienso que, por ser de Sarajevo, aquel hombre podría haber sido musulmán.

Setiembre 2015. Una piedra se atraviesa en mi corazón al saber que, en junio, a Abdullah Kurdi, musulmán de la ciudad siria de Kobane, y a su familia les fueron denegadas las visas de entrada a Canadá que les habrían permitido escapar de un infierno peor. Por ello, el señor Kurdi intentó salvar a los suyos desplazándose clandestinamente a Europa, y en ese empeño perdió a su esposa y a sus dos pequeños hijos, ahogados frente a las costas de Turquía. Ahora bien, Stephen Harper, primer ministro conservador de Canadá, espera ser reelegido en octubre y completar así 13 años de gobierno ininterrumpido.

(*) Fernando Durán es doctor en Química por la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la Universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector en 1981.