Por: Nuria Marín Raventós 21 octubre

Todos los trabajadores aportamos al Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) un 1,5 % del salario, de ahí el derecho a pedir cuentas a la institución, que, según un reciente diagnóstico, no está cumpliendo con la visión y objetivos encomendados.

El visionario y solidario modelo creado en 1965 ha devenido en una institución con millonarios presupuestos que no cumple su misión, que es: brindar formación y capacitación especialmente a los jóvenes que no concluyen el colegio, para que se inserten en la fuerza laboral debidamente capacitados, o desarrollen un emprendimiento y con su talento fomenten mayor desarrollo.

Creada cuando solo el 10 % de los jóvenes terminaban el colegio, el INA está llamado a ser “la llave que abre la puertas de las oportunidades”, el motor de la empleabilidad y de los emprendimientos, así como el gran movilizador social para el que fue creado en una Costa Rica, que si bien ha tenido avances en su cobertura y grado promedio de escolaridad, tan solo el 45,4 % de los estudiantes matriculados en sétimo en el 2012 hoy continúan en undécimo año.

El estudio Modernización de la formación profesional en Costa Rica reveló que apenas un 25 % de los graduados del INA obtienen empleo en sus áreas de estudio y el 60 % de los que ingresan a estudiar luego no consiguen colocarse.

Resulta además lamentable que el jerarca admita desconocer por qué los egresados no se insertan al mundo laboral. ¿Cuál es el objetivo, entonces, de sus numerosos viajes? (20 viajes que suman 101 días).

Como si fuera poco, el sector productivo tiene faltantes de talento en áreas estratégicas, lo cual evidencia que se gastan recursos sin una visión estratégica de desarrollo del país, se brinda formación de cuestionable calidad y existe un divorcio entre la oferta y la demanda laboral.

Si el INA era antes importante, ahora se torna esencial, en un entorno en que la inteligencia artificial amenaza con desaparecer entre el 50 % y 65 % de los empleos, según el presidente Jim Yong Kim del Banco Mundial.

No ayuda la oposición de la CCSS a la flexibilidad para los jóvenes que hacen pasantías, ni la resistencia a favor de la educación dual. Recordemos que la mejor política social es que los costarricenses accedan a puestos o emprendimientos de calidad y el INA tiene excelentes funcionarios que con orientación pueden hacer la diferencia.