Por: Jaime Daremblum 25 marzo, 2015

Robert Oppenheimer fue un brillante científico norteamericano que, por sus indiscutibles méritos, fue escogido por la Casa Blanca para dirigir el secreto proyecto atómico en Nuevo México.

La primera prueba atómica fue en julio de 1945. Oppenheimer, impresionado por la luz y el fuego que emanaban de la explosión, evocó un antiguo texto místico: “El resplandor de mil soles… como la muerte, destructor de mundos”.

Sin duda, Oppenheimer fue un personaje de muchos quilates, más allá de sus polémicos traspiés, lo cual no es excepcional entre humanos.

La Guerra Mundial no se limitó a Europa. A través del cine, particularmente, es posible sentir la dimensión de la tragedia. Miremos Casablanca para comprender lo que ocurrió. Y hay un caudal de este cine.

Retornemos al panorama nuclear. Las doctrinas cocinadas en las aulas norteamericanas incentivaron interesantes debates. La más aceptada concepción fue la teoría del equilibrio nuclear, una competencia entre potencias para configurar alianzas que conjugarían una tregua o bien otra sacudida global. Por eso, desde los años 60, la discusión se concentró en el mecanismo de la Destrucción Mutua Asegurada, cuyas siglas, MAD (Mutually Asured Destruction), equivalen en inglés a “locura”.

Al respecto, muchos lectores posiblemente recuerdan Dr. Strangelove , con Peter Sellers interpretando tres diferentes personajes: el chiflado nazi que aconseja al Pentágono y la Casa Blanca, un oficial británico y el presidente de Estados Unidos.

El tema es cómo la agria desconfianza entre Estados Unidos y la URSS deriva en la destrucción masiva de ambas potencias. Todavía hoy, la película puede ser vista en cines, redes sociales y las cadenas mundiales de televisión. En la misma senda camina Fail Save , cinta reeditada que protagoniza George Clooney.

La historia en este género cinematográfico, sin embargo, cambió con la implosión de la URSS en 1990, sustituida por Rusia. No sabemos si la figura de Vladimir Putin inyectará las tramas con las oscuras pasiones que sospechan los públicos y la prensa. ¿Presenciaremos acaso otro James Bond desafiado por los monstruos del presente?