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Actualizado el 20 de diciembre de 2015 a las 12:14 am

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La sentencia de la Corte Internacional de Justicia sobre la violación del territorio costarricense en isla Calero es un indiscutible triunfo nacional. Sale también victoriosa la fe depositada por nuestro país en el derecho como medio para resolver las diferencias. Valga la lección para las cabezas calientes que atizaban el enojo, proponían la creación de un ejército y acusaban a la sensatez de cobarde cuando Edén Pastora se hizo presente en nuestra tierra con sus dragas.

En la frontera no se perdió una gota de sangre, de ninguno de los dos bandos. A lo largo del litigio, pobladores de ambas márgenes del río convivieron como siempre, sin odios y en constante intercambio económico y social. Su ejemplo y aspiraciones trazan una ruta a seguir para Managua y San José.

Al Gobierno costarricense le corresponde administrar la victoria con prudencia, sin incurrir en excesos o provocaciones. Nicaragua proclama su voluntad de respetar el fallo. Es preciso tomarle la palabra y actuar de conformidad. El tiempo dirá si la confianza fue bien depositada, pero denegarla de entrada conlleva más riesgos que ventajas.

El Gobierno nicaragüense califica el fallo de salomónico. Lo encuentra equilibrado y se da por satisfecho. Managua extrae de la sentencia una confirmación de su soberanía sobre el río San Juan. Ese punto nunca estuvo en disputa. Celebra, además, la llamada de atención formulada por los magistrados a Costa Rica por la falta de estudios ambientales para respaldar la construcción de la trocha fronteriza.

Nuestro país no niega la omisión del requisito ni la obligación de cumplirlo, solo dice haber actuado de manera expedita en virtud de la emergencia creada por la violación del territorio nacional. La Corte de La Haya no aceptó esas razones. Punto final.

No hay motivo para negarle a Managua la celebración de la reprimenda. Por el contrario, la satisfacción nicaragüense implica un compromiso con las obligaciones de ambos a la hora de desarrollar proyectos capaces de afectar al vecino. Ese compromiso se afirma tanto con el festejo nicaragüense como con la aceptación nacional de la llamada de atención. A ambos conviene dejarlo bien asentado.

La Corte concedió un año de plazo para negociar la reparación de los daños en isla Calero. Si los dos países consiguieran un acuerdo antes del vencimiento del plazo, para tornar innecesaria una nueva intervención de La Haya, darían un paso en firme hacia las relaciones armónicas merecidas por sus pueblos.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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