Por: Luis Mesalles 28 febrero, 2015

Dicen que las comparaciones son odiosas. Pero también dicen que lo que no se mide, no se puede mejorar. Por eso, es bueno medir lo que se hace, y comparar el resultado con otros. De ahí que los diferentes ránquines que salen publicados en el mundo sobre los diferentes países sean de mucha utilidad.

Uno de ellos es el Doing Business del Banco Mundial. Este mide el ambiente de negocios. O sea, lo fácil o difícil que es, para los pequeños y medianos empresarios, cumplir con las regulaciones de un país. Esto es muy relevante en momentos en que estamos inundados de noticias sobre empresas que cierran, o dejan de invertir en el país. Son muchos costarricenses los que se están quedando sin trabajo.

Los resultados del ranquin Doing Business muestran que Costa Rica ha avanzado algo en los últimos diez años, al pasar de la posición 112 a la 83. Sin embargo, no es para rajar decir que estamos en el puesto 83, entre 189 países. Nos ubicamos a media tabla, apenas un poco mejor que el promedio de Latinoamérica, pero con muchos competidores directos por delante y mejorando: Colombia (en la posición 34), Perú (35), México (39), Chile (41) y Panamá (52). En el otro extremo están Venezuela (182), Haití (180), Surinam (162), Bolivia (157) y Argentina (124). En estos resultados está implícito que, si queremos tener un buen ambiente para el emprendimiento de negocios en Costa Rica y, con ello, ayudar a resolver el problema del desempleo, debemos fijarnos en los países de la Alianza del Pacífico y no en los del ALBA.

Para ello, debemos superar nuestras debilidades. El informe Doing Business apunta a que los temas prioritarios para Costa Rica son protección de los inversionistas minoritarios, cumplimiento de contratos, facilidad para el pago de impuestos y apertura de negocios. En términos generales, tenemos que trabajar en disminuir el número de procedimientos y plazos para la ejecución de muchos trámites regulatorios. La burocracia excesiva va en contra del empresario que quiere trabajar bajo el amparo de la ley. Sobre todo, en contra del empresario pequeño y mediano, para quien el costo de cumplir con las regulaciones es relativamente más oneroso.

Si queremos jugar en la primera división del mundo de los negocios, el país tiene mucho que mejorar. Ahí están los indicadores con nuestras debilidades. Ahora es cuestión de voluntad, y mucho empeño, para corregir esas limitaciones y, así, revertir la tendencia de empresas que dejan de emprender negocios en nuestro país.