En diversos lugares de la UCR fue colocada una lista con los nombres de profesores a quienes se les imputa ser acosadores sexuales, y nadie se cuestionó si las acusaciones eran ciertas

Por: Iván Molina 21 noviembre

En días pasados, en diversos lugares de la Universidad de Costa Rica (UCR), fue colocada una lista con los nombres de quince profesores universitarios, pertenecientes a distintas unidades académicas, a quienes se les imputa ser acosadores sexuales. Además, al final de la lista, se invita a la comunidad universitaria a aportar más nombres.

Posteriormente, miembros de esa comunidad fotografiaron dicha lista y la distribuyeron por medio de las redes sociales, proceder que recibió manifestaciones de aprobación por parte de estudiantes, de funcionarios administrativos e incluso de profesores (aun de algunos con renombrados títulos de posgrado obtenidos en afamadas universidades extranjeras).

Razón. De quienes se manifestaron aprobatoriamente, nadie se cuestionó si las acusaciones contra esos profesores eran ciertas, si esos profesores habían sido por lo menos denunciados o si, aun en el caso de haber sido efectivamente sancionados, lo fueron como resultado de un procedimiento transparente y respetuoso del debido proceso.

Tampoco se cuestionaron las motivaciones que impulsaron a quienes, refugiados en el anonimato, elaboraron esa lista y la distribuyeron por toda la UCR, con lo cual desconocieron los procedimientos institucionales establecidos para denunciar posibles situaciones de hostigamiento sexual y recurrieron a las vías de hecho.

Quienes aplaudieron la circulación de esa lista y contribuyeron a su difusión procedieron, por tanto, a partir de un acto de fe: creyeron, sin mayor fundamento, que la información consignada en la lista es cierta, y que quienes la elaboraron y la distribuyeron, lo hicieron de buena fe.

¿Cómo es posible que estudiantes y docentes universitarios, que en principio deberían estar familiarizados con la aplicación sistemática del método científico, renuncien completamente a la razón para respaldar una lista –elaborada y distribuida de manera anónima– cuyo fundamento desconocen y de la que ignoran los motivos que llevaron a su elaboración y distribución?

Girasol. El proceder de estas personas evidencia, directa y contundentemente, el completo fracaso de las políticas y programas de la UCR dirigidos a informar y a sensibilizar a la comunidad universitaria acerca de las vías a seguir en las situaciones de supuesto hostigamiento sexual.

También ese proceder demuestra que, a pesar de todo el ruido que se hace cada vez que la UCR mejora su posición en los ránquines internacionales, la cultura académica institucional es frágil y superficial, pues se rinde fácil ante cualquier documento anónimo que apele a la irracionalidad de quienes llaman a encender las hogueras.

Finalmente, tal proceder sugiere que en la UCR se acumulan fuerzas cuya intolerancia y formas de acción son comparables con las de aquellas otras fuerzas que, en la época del macartismo, creaban y distribuían listas de personas sospechosas de ser comunistas.

Al revivir en la UCR la antigua práctica de las listas negras, lo mejor que puede hacer el girasol, que adorna el escudo de esta benemérita institución de cultura superior, es darse a la fuga, antes de que los herederos y las herederas de fray Tomás de Torquemada lo conviertan en abono.

Iván Molina es historiador.