Opinión

La fórmula

Actualizado el 10 de julio de 2015 a las 12:00 am

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Cuando estalló la crisis, la fórmula para doblegarla parecía posible, aunque nunca fácil: profunda transformación estructural y tolerable austeridad fiscal.

Reformas de gran calado, para que Grecia ordenara su caos fiscal, minimizara el clientelismo, recompusiera sus pensiones, ordenara el carcomido Estado, aumentara la productividad y creciera sobre bases sanas.

Austeridad moderada, para evitar una recesión vertical mientras los cambios rendían frutos y creaban condiciones para construir un equilibrio sostenible y responsable.

Pero las reformas fueron insuficientes y el frenazo económico excesivo. El pueblo perdió la esperanza y el partido Syriza ganó las elecciones. En lugar de un nuevo equilibrio vino un recargado caos. Desde entonces todo resultó peor, para Grecia y Europa.

Nunca ha sido posible saber si el primer ministro Alexis Tsipras y su arrogante exministro Janis Varoufakis querían solucionar el problema o dinamitar el sistema. Siempre ha sido factible percibir que Angela Merkel y sus aliados más cercanos se apegaron a una ortodoxia casi obtusa.

Las negociaciones entre los representantes de Grecia y el Eurogrupo han sido, apenas, el nivel más visible de una serie de complejas transacciones políticas.

Los dirigentes griegos no solo debían convencer a Bruselas de sus propuestas, sino a su litigioso partido de izquierda convulsa de los (improbables) acuerdos, y respetar un mandato electoral ahora renovado por referéndum. Los europeos no solo han debido proponer y reaccionar frente a Atenas; también están obligados concertar entre sí y a rendir cuentas a votantes hartos de apretarse su faja para que otros –según creen– la mantengan floja.

Como resultado de esta dinámica se perdió la paciencia. Peor aún, se esfumó la confianza. Cada vez se ha alejado más la posibilidad de algún acuerdo razonable, con resultados que también lo sean, aunque no satisfagan plenamente a nadie.

El abismo está a cortísima distancia. Aunque en las próximas horas surja alguna decisión extrema que salve las formas y reconecte a Grecia al respirador del euro, los daños son catastróficos.

El fracaso político ha sido aleccionador. Debemos capitalizar sus enseñanzas.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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