Por: Jorge Guardia 7 febrero

Prometí dar mi visión (telegrafiada) de la economía en el 2017. La apuesta va en dos tractos: mundial (enrarecida) y local (esclarecida). Una se nutre del FMI; la otra, del programa “macro” del BCCR.

Producción y comercio internacional van al alza. La variación del PIB mundial pasará de un 3,1% en el 2016 al 3,4% en el 2017 y el comercio total del 1,9% al 3,8%. El impulso lo darán EE. UU., la UE, China y la recuperación de ciertos países en desarrollo (Brasil). ¿Qué significa para países como el nuestro? Más producción y exportaciones.

Yo tengo diferencias con el FMI. Dice que la amenaza al comercio mundial voceada por Trump podría revertir las cifras. Tal vez no. No, al menos, en el 2017. No habrá tiempo ni, quizás, voluntad política (republicana) para descarrilar el comercio. En cambio, los planes de inversión pública, desregular la economía y bajar impuestos para estimular la inversión privada ya han sido descontadas por las bolsas (euforia) e influirán en la inversión y consumo. La intuición me dice que EE. UU. se reactivará más de lo previsto. Es una apuesta.

En la economía nacional no habrá sorpresas. El PIB crecerá alrededor del 4%; algo subirá el déficit en cta. cte. de la balanza de pagos (4,5% del PIB); la inflación quedará atrapada entre las metas (3% ± 1 p.p.); subirán las tasas de interés (tantito, dicen los mexicanos); la Tesorería de Hacienda se vestirá otra vez de Chapulín Colorado (estacionará el déficit en instituciones); y veremos lo que los economistas allende llaman fine tunning (refinado manejo de la macroeconomía).

¿Qué quiero decir? Todas las políticas del Central convergen ahora hacia la estabilidad de precios (ideal en año preelectoral). Aplicará a discreción todo el arsenal previsto en la sección 3.1 del programa “macro” (casi desapercibido) para controlar la inflación: ajustar tasas de política monetaria (TPM); soltar el tipo de cambio (sin perder el equilibrio ni exacerbar expectativas); “orientar” las cotizaciones mediante subasta de divisas (¿quién da más?); usar reservas (si le conviene para absorber liquidez y controlar el IPC, o atemperar el tipo de cambio); y reprimir de los bancos su insano apetito por el dólar (posición propia). ¿Cómo? Si un instrumento desafina, tanteará otro, u otros, hasta lograr la meta. ¿Ciencia, arte o brujería? ¡Como quieran! A los técnicos del Central les soltaron, al fin, las amarras (de Zapote): fine tunning is the new name of the game.