Por: Jorge Vargas Cullell 23 agosto

Hoy quiero propiciar una discusión. ¿El tema? Las “verdades” que creemos que son reales cuando hablamos de estrategias para evitar el reclutamiento de jóvenes por estructuras del crimen organizado.

A todos nos alarma la sangría diaria de una o dos personas, usualmente menores de 25 años, a los que dejan como colador por tanto balazo que les pegan. Ajuste de cuentas: los gatilleros son otros jóvenes, diestros en armas, sin piedad alguna y que no estudian ni trabajan. Y, para peor, por cada uno que muere o mata, hay cientos involucrados en otros ámbitos del delito.

Muchas veces he oído que para erradicar el problema hay que darle oportunidades a esta población, educación y capacitación para el trabajo, para que, en vez de ir a la escuela del crimen, se eduquen y trabajen como buenas personas.

Muy loable. Solo hago un par de preguntas: ¿Por qué un individuo preferirá volver a las aulas, con una beca de Avancemos de, digamos, 100 mil colones mensuales, cuando puede ganarse esta cantidad en un par de días si se dedica al crimen? ¿Por qué pulsearla como ebanista o salonero, luego de recibir un curso del INA, para medio recibir un salario mínimo, cuando puede ostentar riqueza y respeto entre sus cuates y enemigos siendo un capo?

Si la falta de educación o de trabajo es la causa de una vida de crimen, entonces, ¿por qué tantas personas humildes son honradas a carta cabal?

Hoy la gente es, en promedio, más educada que hace cincuenta años, y vive mejor, pero hay más crimen. Tienen que haber otros factores en juego en este problema.

Quizá no debemos centrarnos solo en los individuos, en su instrucción y capacitación sino, también, en el ambiente inmediato en el que crecen. Ambientes muy deteriorados en familias y barrios ayudan a normalizar los antivalores y los comportamientos delictivos. Si en una comunidad la vía aceptada (o tolerada) para ganar respeto y bienestar material es unirse al crimen organizado, entonces muchos la adoptarán. Hay que cambiar, pues, ese ambiente.

Si eso es así, más educación y capacitación a individuos es indispensable pero insuficiente. Se hace necesario complementar eso con una aproximación más ecológica: estrategias específicas para mejorar barrios, según sus características; invertir en espacios públicos, identificar los liderazgos positivos, llevar proyectos culturales. No solo integrar individuos sino eliminar guetos y crear comunidad.