Por: Jorge Vargas Cullell 7 agosto, 2014

Por ahí del 15 de agosto, el Gobierno hará un regalo a todas las mamás. También a los papás y abuelitos: presentará el famoso Informe de los 100 días. Es un regalo que decidió hacer por cuenta propia, pero que ahora todos esperamos, comiendo uñas, pues nos prometieron que dirá, con pelos y señales, para adónde va esta Administración. Nunca he logrado entender bien lo de los 100 días: ¿por qué los Gobiernos insisten en crear plazos fatales cuando nadie los pide? Ahora, ni modo, no hay quite.

Creo intuir varios regalitos que no serían muy bien recibidos por la criollada. Es que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. El primer error sería un regalo del tipo “informe-lamento”, dedicado a detallar lo mal que recibió todo, a describir ad nauseam la finca encharralada. Un diagnóstico así estaba bien hace 60 días, pero ahora la cosa es distinta: queremos saber si este Gobierno es de verdad. Si el cambio va, y, si va, adónde y cómo. En fin, ya pasó el tiempo de la llorada.

El segundo error sería “la huida hacia delante”, es decir, un discurso de campaña, estilo bolero bien apretadito, cargado de promesas de amor eterno. En su momento, a la gente le gustó esa melodía, pero ahora quiere acción. Un informe sin juramentos es imposible, pero, luego de tanto cortejo, digamos que la cosa cambió: ahora es viendo el payaso y soltando la risa. El tercer error sería el “informe-memorándum”, un inventario de las 154.322 medidas que se plantea realizar a corto, medio y largo plazo, con ejes transversales incluidos de género, etnia y orientación sexual. Tanto detalle, más que una idea de precisión y claridad, transmitiría una sensación de profunda desorientación.

Entonces, ¿qué? Si no puede lamentarse, prometer o entrar en menudencias, ¿cómo será el informe de los 100 días, uno en el que el Gobierno se la juega con la ciudadanía? Somos ganado bravo: nos anunciaron regalo y ahora lo queremos al gusto. Ojalá sea una pieza de estrategia política que comunique con claridad dónde estamos parados, adónde quiere llegar el Gobierno, y que hable con realismo de los sacrificios para llegar ahí. A partir de eso, que diga las metas principales, explique por qué son realistas y necesarias, las principales acciones, responsables, y, en general, ofrezca una idea de cómo pretende lograrlas. En fin, que posicione con claridad al Gobierno con un rumbo y lo comprometa. Ese rumbo, la verdad, me ha faltado hasta ahora.

El informe no podrá hablar de todo, pero ¡ay si omite temas de fondo!: por ejemplo, cómo encarar el hoyo fiscal. No queremos que nos encanten de nuevo, queremos entender si hay barco y capitán. Necesitamos ver si hay algo nuevo bajo el sol.

Etiquetado como: