Por: Jorge Vargas Cullell 27 marzo, 2014

Todo Gobierno hereda un berenjenal al que le sigue. Siempre es así. Gobernar es como bailar sobre un campo minado: bombas enterradas por todas partes, peligro inminente todos los días, sin perspectivas de alivio. Una cosa son los buenos deseos y otra es la realidad real, complicada y dura, que descarrila cualquier intento de “plan maestro” ordenado para una administración de gobierno.

De lo anterior no se concluye, sin embargo, que un Gobierno deba librarse a la suerte y reducir su actuación a un ir de aquí para allá sin más horizonte que evitar ser destrozado por una de las tantas bombas. Cuando así lo hace, cae en una deriva. Entonces, puede que haga cosas, incluso varias bien, pero falla en lo fundamental: es incapaz de enrumbar al país por una ruta, provoca un vacío de liderazgo y desconcierto político. Cuando a eso agregamos mayorías fastidiadas con el estado de cosas, la situación política toma color de hormiga: la situación en la que andamos.

El primer desafío del próximo Gobierno es un intangible político que está en la base de todo: devolver a la sociedad la confianza de que el país tiene rumbo cierto y, más en particular, bajar la pelota al piso con eso del cambio. Ahí el manejo de las señales desde la Presidencia, la capacidad de mantener cohesionado al gabinete alrededor de ciertos mensajes y las buenas relaciones con el Congreso serán fundamentales.

Una segunda clase de desafíos son los dos o tres temas estratégicos que el Gobierno se propondrá como prioridades, su hoja de ruta. Poquitas cosas pero fundamentales. Se trata de responder esta pregunta: ¿qué se propone legar al país? Y ahí deberá escoger la carnita, dentro de muchos temas que saltan por todos lados. Es necesario que el Gobierno electo diga esas prioridades antes de asumir funciones. A la cabeza de ellas deberá poner la mejor gente que el país tiene, generar gran respaldo social para vencer resistencias y obtener logros.

Hay una tercera clase de desafío: no echar a perder lo que el Gobierno anterior hizo bien. No olvidemos que el Gobierno actual tiene logros sobre los que conviene construir. Conviene enumerarlos: educación, seguridad, baja inflación, ordenamiento de programas de combate a la pobreza, comercio exterior. La nueva Administración dará nuevos énfasis, pero cometería un grave error si destruye lo andado. En estos frentes hay posibilidades de colaboración interpartidaria y la necesidad de poner a gente madura que entienda que no se trata de entrar a las patadas, sino de construir sobre lo hecho.

Finalmente, está la selección de una o dos bombas que querrá desactivar. ¿Candidatos? El desastre del MOPT, de la infraestructura nacional, es una de ellas.