Por: Jorge Guardia 4 marzo, 2014

Estas son algunas lecciones de lo ocurrido en el mercado cambiario en estas semanas de trepidación. Las ofrezco como crítica constructiva.

1. El meneo fue la crónica de una muerte anunciada. Muchos economistas lo previmos desde el año pasado, incluyendo el propio Banco Central. Esta columna lo anunció el 10 de diciembre del 2013. Dijo: “De que viene, viene”. Y se vino.

2. La devaluación no se explica por una supuesta especulación, sino por factores internos y externos que exigían ajustar el valor real del colón, claramente sobrevaluado. La devaluación, en cierta forma, es bienvenida.

3. No sabemos si el mercado se sosegará por algún tiempo, o vendrán nuevos ajustes.

4. La decisión de la Junta Directiva del BCCR tiene aspectos acertados, según dije en mi columna anterior, pero siempre hay espacio para mejorar. Respetar la tendencia y limitar la intervención son objetivos valiosos, pero conviene agregar otro quizás más importante: lograr el equilibrio. Eso obliga a replantear los parámetros de la intervención, un poco errática.

5. El equilibrio solo se logra dejando de intervenir cuando el tipo de cambio está desalineado. El Banco intervino varias veces para evitar “fluctuaciones violentas”, pero sin definir el término. En la práctica, sí lo hizo. Intervino por alzas leves (¢5 por $1, equivalente a 1%). Eso no es “violento” en ningún mercado del mundo ni podía apaciguar las expectativas de un mercado alebrestado, y, tampoco, lograr estabilidad. Al día siguiente, el mercado lo desmentía.

6. Ese esfuerzo de ensayo y error lo hizo perder $109 millones. Y, al final, ha tenido –o tendrá– que aceptar que el equilibrio andaba por otro lado. Vendió barato sus reservas, perdió plata y no logró lo que quería en cada intervención.

7. Otra es que no se debe tratar de imponer un gradualismo artificial en un mercado libre. No es su naturaleza. Los mercados solo se calman hasta que los ajustes igualan a las expectativas. Antes, no.

8. Es mejor un ajuste acelerado y suficiente que prolongarlo innecesariamente. El gradualismo exige aumentar tasas de interés, perder reservas, y genera expectativas inflacionarias difíciles de revertir.

9. Por esa razón se eliminaron las bandas. Los directivos del BCCR deben repasar los sabios considerandos de su propia decisión, emitida en octubre del 2006, cuando archivaron las “minis”.

10. El riesgo ahora es que un nuevo Gobierno, con cuatro miembros en la Directiva, quiera reducir las bandas para cabalgar sobre la cresta superior, en una nueva versión de las “minis”.

Mejor es migrar a la flotación, que requiere mayoría calificada por ser una modificación al régimen cambiario (Art. 85 L.O.B.C.), ahora que tienen siete (los siete magníficos). Recomiendo hacerlo después del 6 de abril, pero antes del 8 de mayo. Para entonces, tal vez el tipo de cambio se haya estabilizado.