Por: Jorge Guardia 28 octubre, 2014

En política, es reconfortante perder con dignidad. Las elecciones del pasado domingo en Brasil y Uruguay me llenaron de entusiasmo, aunque las aspiraciones de mis dos candidatos se vieran frustradas por los resultados.

Aécio Neves, economista de profesión y político por vocación, irrumpió en la vida pública brasileña desde muy temprana edad (21) como secretario de Tancredo Neves, su abuelo, quien fue gobernador de Bello Horizonte. Buen mozo, deportista, sociable, simpático y entrador, supo penetrar los círculos sociales, políticos y empresariales, y posicionarse muy bien.

Con debilidad por las bellas mujeres (se casó con una modelo, Letícia Weber, con quien tuvo gemelos), lo más atractivo es su credo ideológico y su pragmatismo político, matizados con conciencia social. Liberal, creyente en la economía de mercado, difundió el mensaje de que, para preservar la obra social de Lula y Rousseff (a quienes, inteligentemente, nunca restó méritos y solo los criticó por la corrupción), la economía debía crecer más para generar empleos y mejorar salarios, y, también, bajar la inflación, que erosiona el poder de compra de los asalariados. Hace unos días, creí que ganaba. ¡Lástima!

El uruguayo Luis Lacalle, candidato del Partido Nacional, enfrentó con valor al expresidente Tabaré Vázquez que apoyaba el popular mandatario actual, José Mujica. Como Neves, se inició muy joven en política, profesa un pensamiento liberal y de mercado, cree que la empresa privada es mejor para impulsar la economía, el empleo y los salarios, y también es deportista (surfista). Se autodefine como pragmático y liberal conservador, y se casó también con una joven hermosa que lo acompaña, palmo a palmo, en la campaña (¡dichoso!). La esperanza es que, en segunda ronda (fin de noviembre), logre derrotar al socialista Tabaré.

¿Qué lecciones brotan de esas justas? La primera es una muy vieja, pero con plena validez: en política, no hay nada escrito. Yerran quienes creían que la izquierda resurrecta por la crisis económica vendría para quedarse. Los de centro-derecha pueden volver en cualquier momento (en nuestro medio, no dar por muertos al PLN, PUSC y ML). La segunda es que las izquierdas también pueden ser corruptas. Tercera, los partidos deben escoger muy bien al candidato. No bastan los buenos atestados ni una ideología digerible, pues los atributos personales también cuentan: honestidad, simpatía, irradiar confianza, oratoria, porte, fisga, agallas y sensibilidad social. Si tienen una buena pareja, mejor. Pero el paquete ha de ser completo. ¿Quiénes reúnen estas cualidades en Costa Rica? De momento, no lo voy a decir.

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