Por: Jorge Guardia 5 agosto, 2014

Hizo bien el Banco Central al mantener las metas de inflación en un 4% (más o menos, 1 punto porcentual) en la revisión de su Programa Macroeconómico 2014-2015. Pienso que hay razones estratégicas y técnicas para sustentar su posición.

Desde el punto de vista estratégico, un banco central que mantiene su meta de inflación, a pesar de las vicisitudes, gana credibilidad. ¿Por qué? Porque, al hacerlo, declara su intención de seguir luchando por controlar la inflación, que es su objetivo principal, aunque los resultados se hayan apartado temporalmente de la meta.

Claro que una cosa son las intenciones y, otra muy distinta, los resultados reales. Pero, en abono de las nuevas autoridades, podemos decir que el desvío se debió a un choque en el tipo de cambio, motivado por factores externos ocurridos durante la Administración anterior, pero que la situación ha tendido a normalizarse. La devaluación de la primera parte del año produjo dos efectos importantes: incrementó los precios de los bienes transables y alborotó las expectativas de devaluación e inflación.

¿Se pudieron haber evitado los ajustes o, por lo menos, morigerado? No creo que la devaluación fuera prescindible; más aún, pienso que no debía haberse evitado, pues es el mejor servicio que le hizo la Administración saliente a la entrante. Pero también creo que la transición de las bandas a la flotación administrada (de hecho) se pudo haber manejado mejor. El BCCR pudo haber permitido que el tipo de cambio buscara su nuevo acomodo más libremente, sin intervención, para ubicarse en su nuevo nivel más rápidamente, como sucede en los mercados más desarrollados. Si lo hubieran dejado manifestarse libremente en febrero y marzo no se habrían alborotado las expectativas cambiarias ni inflacionarias, el tipo de cambio y los precios habrían subido de una sola vez (pero no tanto), y ambos habrían retomado más pronto la estabilidad.

Recuerden: ningún mercado cambiario se calma… hasta que se calma. Ahora, la situación es muy diferente. Las expectativas se han apaciguado; el BCCR excluyó las compras del sector público del Monex (pero no del mercado cambiario total); ha estado dispuesto a intervenir para evitar desviaciones de su tendencia de medio plazo, ha declarado también su intención de respetar las tendencias del mercado; y ha mermado la volatilidad. Todo eso le permitirá mantener una baja inflación en los próximos 12 o 18 meses. Eso, aunado a una expansión de la liquidez del 10% y del crédito al sector privado, del 11%, para el período contemplado, le permitirá retomar y mantener las metas de inflación.

Ojalá lo fiscal se manejara con la misma precisión.

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