En esta campaña electoral hay un cambio trascendental, se confirman las tendencias y se encienden luces de alerta

Por: Jorge Guardia 20 noviembre

Según Opol Consultores, casi nada ha variado en las encuestas, pues las posiciones relativas de los candidatos se mantienen con pocas variantes, todas dentro del margen de error. Yo, sin embargo, veo que hay un cambio trascendental, se confirman las tendencias y se encienden luces de alerta.

El cambio es la caída de los decididos a no votar. Antes, parecía que la desilusión por el tráfico de influencias engrosaría el abstencionismo al 30 %, pero baja al 19 %. ¿Qué explica la caída? Creo que el elector está pasando del desencanto al furor y se va a desquitar votando, aunque aún no sepa por quién. Se abre una ruleta de retos y desafíos que podría reafirmar tenencias –¡ojo!– hacia arriba o abajo.

El PLN se estancó. En octubre, concitaba el 31,3 % de los decididos a votar, pero en noviembre baja a 30 % (alerta verde). Juan Diego Castro, al contrario, va en alzada: 18,9 % en setiembre, 23,8 % en octubre y 24,5 % en noviembre. Piza bajó del 17,8 % en setiembre al 11,9 % en noviembre (alerta amarilla); Rodolfo Hernández sube de 8,06 % en setiembre a 9,6 % en noviembre. Alvarado logró quitarse algo del estigma del cemento y sube un punto porcentual, de 6,5 % a 7,5 %; pero a Otto sí lo golpeó, bajó de 7,4 % en setiembre a 2,3 % en noviembre (alerta roja). Entretanto, el bloque de indecisos (31 %) permanece compacto: jugosa manzana por morder.

Algunas conclusiones: la comisión legislativa despertó a un perro dormido (afectó a todos los partidos tradicionales, incluido, irónicamente, su principal promotor); en términos de efectividad, la campaña del PLN (el momento es ahora) no se corresponde con el cuantioso monto invertido; la de Juan Diego (no votar por él es votar por la corrupción) sí es eficaz y se corresponde con el momento que vive el país; la del PUSC no arranca (si no hace algo extraordinario no llegará al balotaje); la del otro Rodolfo (un hombre bueno por oposición al político malo y mal averiguado) es más cálida y eficaz; y la de Carlos (simplemente Carlos) parece funcionar dentro de sus adversas circunstancias (si logra matricular a Ottón daría un buen golpe).

Esta campaña se libra en dos estadios muy distintos: en los medios y debates es formal y modosita; pero en las redes sociales es a puñal. Quienes creen que habrá un ejercicio racional para escoger candidato por sus respuestas a los problemas nacionales podrían llevarse una sorpresa, como en las pasadas elecciones en Estados Unidos.

El juicio final será esencialmente emocional.

El autor es economista y abogado.

jorge.guardiaquiros@yahoo.com