Por: Eduardo Ulibarri 25 diciembre, 2015

En la madrugada del 19 de diciembre del 2009, la XV Conferencia Internacional sobre Cambio Climático colapsó en Copenhagen, junto al sueño de aprobar “un acuerdo jurídicamente vinculante” contra el calentamiento global.

Meses después, Ybo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención sobre el tema, dejó el cargo. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, debía sustituirlo. Fue una de sus decisiones más difíciles, me dijo alguna vez, no por dudas sobre la mejor candidata, sino por presiones para que fuera otro. Pero su independencia se impuso y el 1.° julio del 2010 Christiana Figueres tomó la batuta.

El 12 de este mes, el más robusto acuerdo climático alcanzado hasta ahora nació en París por consenso.

Cuando, ese día, Christiana unió su júbilo al de Ban, el presidente y canciller de Francia y otros destacados líderes mundiales, lo hizo para celebrar el documento, pero también el documento y sus acompañantes celebraban a Christiana. Porque si bien el éxito dependió de muchos, habría sido imposible sin ella.

Su ejemplar desempeño tiene una insustituible raigambre personal, y quizá familiar. Pero también se explica por el amplio acervo de experiencias, ejemplos, identidad, decisiones, memoria y aspiraciones consustanciales a Costa Rica.

De esta misma y singular mezcla han emergido otras mujeres que hoy impulsan relevantes tareas internacionales.

Desde abril, Rebeca Grynspan ocupa la Secretaría General Iberoamericana, tras ser administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Con seis años como jueza del tribunal especial sobre la antigua Yugoslavia y nueve de la Corte Penal Internacional, Elizabeth Odio lo es ahora de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Sonia Picado ya ocupó ese cargo y preside tanto el Instituto Interamericano de Derechos Humanos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Seguridad Humana. Y Laura Thompson va por su sexto año como directora adjunta de la Organización Internacional de Migraciones.

Como Christiana, ellas son resultado de sí mismas, pero se nutren del pequeño país que las llenó de retos, oportunidades y ejemplos; el que –a pesar de algunas mezquindades– las proyectó hacia el mundo. Estoy convencido de que vendrán muchas (y muchos) más.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).