Por: Jaime Daremblum 4 noviembre, 2015

Los comicios parlamentarios celebrados el domingo en Turquía se desarrollaron en un clima de amenazas y coacciones que viciaron el resultado. Pero merced a esos vicios, los comicios retomaron el balance político interno anterior a junio.

En este punto, el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) del actual gobierno poseía una mayoría legislativa que le permitía gobernar solo, sin necesidad de aliarse con otras agrupaciones.

Ahora, el líder máximo del AKP y presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha promovido el proyecto de reformar la Constitución para dotar al presidente de mayores poderes. De hecho, en la configuración imperante hasta hoy, el primer ministro es quien supuestamente dirige el Gobierno.

A pesar de la celebrada victoria del domingo, el partido carece de una supermayoría parlamentaria para proceder con la reforma. De nuevo tendría que pasar por un referendo para aprobarla.

Esta coyuntura ha despertado sospechas de que Erdogan se proponga arrogar facultades de facto para hacer y deshacer, avalado por su primer ministro, Ahmet Davutoglu. Esta fórmula pondría a Erdogan a tono con los presidentes “de verdad”, como el ruso, Vladimir Putin, a quien admira y envidia.

Erdogan ansía los poderes de facto para aceitar la maquinaria política, diplomática y militar de Turquía y, desde esta nueva plataforma, transformarse en el líder indiscutible del Cercano Oriente. Este proyecto no es un invento de quienes en la prensa satirizan sus ambiciones. Lejos de ello, calzan a plenitud con los sueños imperiales conexos a la autocracia que intenta imponer en su país.

El problema de fondo de las calenturas de Erdogan es que chocan con la geografía estratégica que marca el paso de Turquía. Partamos del indescriptible atentado terrorista ocurrido hace unos días en Ankara, que le atribuyó el gobierno al Estado Islámico. Algunos analistas sospechan que este horrible capítulo fue urdido por Erdogan desde las tinieblas, donde a menudo suele operar.

Las fuerzas militares turcas necesitarían seguir el rastro de los terroristas hacia el interior de Siria, donde la mayoría de estas agrupaciones mantienen bases y territorios. Nótese que en estos momentos Estados Unidos se apresta a enviar una modesta fuerza de comandos para respaldar a algunos movimientos insurgentes adversos a aquellos que cuentan con el apoyo de Rusia. ¿Habrá ya un compadre hablado para evitar choques?

Persiste, asimismo, la ambición turca de ser promovida al pleno del Consejo Europeo. Las crecientes olas de migrantes sirios posibilitarán a Turquía manejar ese flujo al gusto de Alemania y recibir su prometido ascenso. El trato ya cuajó.

(*) Jaime Daremblum es abogado y politólogo. Es director de estudios latinoamericanos del Hudson Institute y tiene un Ph.D. de Tufts University, Flectcher School. Fue embajador de Costa Rica en Washington y analista del Fondo Monetario Internacional.