Por: Jorge Vargas Cullell 3 septiembre, 2015

No creo que las elecciones municipales de febrero del 2016 deban verse como una especie de plebiscito sobre la gestión del Gobierno Central.

Si la mayoría de las alcadías y concejos municipales quedaran dominados por partidos opositores, no debiera sacarse como conclusión que el electorado dio un voto castigo al presidente Solís. Si ocurriera lo contrario, que la mayoría de las municipalidades las ganara el PAC o algún aliado, no será cierto que el mensaje ciudadano es de aprobación a la gestión gubernamental.

¿Por qué no? Si al PAC le va como un quebrado, ¿no es lógico concluir que la gente votó contra el “gobierno del cambio”? Si el PLN hace mesa gallega o el PUSC gana diez o más alcadías, ¿cómo no decir que los viejos actores del bipartidismo se posicionan muy bien para las elecciones nacionales del 2018? En otras palabras, ¿por qué no interpretar estas votaciones municipales en clave nacional?

Veamos la información disponible. Para empezar, solo una minoría de ciudadanos, los fiebres de la democracia, irán a votar. Si nos atenemos al perfil de las anteriores votaciones municipales, esos fiebres son predominantemente mujeres y personas residentes en áreas rurales.

El abstencionismo será especialmente alto en las áreas urbanas del Valle Central, que es donde se ganan las elecciones nacionales. Así pues, no solo serán poquitos, sino con un perfil muy distinto al “votante medio” nacional.

En estas condiciones, las alcaldías se ganarán por un puñado de votos, por la capacidad del dirigente de movilizar un par de buses más que sus contrincantes. Por otra parte, en estas elecciones lo que se discute son asuntos comunales, con gran presencia de partidos locales y, más que el resultado en la elección de alcaldes, lo que hay que observar es la composición de los concejos municipales. En estos, la fragmentación, la ausencia de una mayoría, es un resultado bastante probable.

Finalmente, como los partidos andan inseguros y tienen sus propios problemas internos, ninguno se ha atrevido a darle connotación plebiscitaria a estas elecciones. Tampoco el gobierno.

Por estas razones es que pienso importante no extrapolar los resultados de estas elecciones municipales. Claro que no me chupo el dedo y sé que lo primero que hará un partido, si le va bien, es cacarear el triunfo y ponerle dimensión trascendental. Es inevitable.

Con todo, existe un hecho cierto: si el gobierno de Solís llega muy alicaído ante los electores, no favorecerá la causa del PAC y sus aliados en las locales. El gobierno estorba, pero no hace caja.

(*)Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.