Por: Luis Mesalles 30 abril, 2016

El vaso se puede ver medio lleno o medio vacío. Así sucede con el problema fiscal. Cada uno tiene una visión de cuál es la causa del problema y, por ende, de cómo resolverlo.

Hay quienes tienen la visión de que el problema fiscal proviene de una falta de ingresos para el Gobierno, que la carga tributaria del país es baja e insuficiente para las necesidades del Estado y, además, que existe un alto grado de evasión y elusión de impuestos.

Bajo esta visión, la manera de reducir el déficit fiscal es aumentar considerablemente la carga impositiva, tanto mediante una fuerte lucha contra la evasión y elusión fiscal, como con la creación de nuevos impuestos que recaigan sobre los más ricos.

La visión de otros es que el problema fiscal proviene de un exceso de gastos de parte del gobierno, que este es sumamente ineficiente, que desperdicia muchos recursos, que existe gran cantidad de gastos que no tienen sentido, mucha duplicidad de funciones y grandes beneficios para los empleados públicos. Además, piensan que, dado el enmarañamiento del Estado, existe un alto grado de corrupción, que lo vuelve poco eficiente.

De acuerdo con esta visión, el problema se resuelve mediante un ordenamiento del Estado costarricense, donde se busque una mayor eficiencia en el uso de recursos, se reduzcan los desperdicios y las duplicidades, se controle la corrupción y se racionalicen los beneficios de los funcionarios para que no sigan creciendo más que la capacidad productiva del país.

Lo que está claro es que, entre más tiempo pase sin que se reduzca el déficit, más efectos negativos habrá sobre la economía. Quienes nos inclinamos por la segunda visión –creemos que el vaso ya está muy lleno– no podemos negar que existen grandes problemas en nuestro obsoleto sistema tributario. Su complejidad permite un alto grado de evasión, elusión y contrabando. La informalidad y las exoneraciones hacen que la carga tributaria esté mal repartida entre los ciudadanos. Eso hay que resolverlo.

Quienes se inclinan por la primera visión, que ven el vaso medio vacío, no pueden negar que el nivel y la calidad del gasto público necesitan una revisión exhaustiva. Los sistemas de remuneración y de pensiones no guardan ninguna relación ni con la calidad del servicio que brindan los funcionarios ni con la capacidad de pago del país. Eso hay que resolverlo. De nada vale tratar de llenar más el vaso cuando este tiene un gran hueco en el fondo que lo vuelve a vaciar.

Luis Mesalles obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada. Participa en varias juntas directivas. Anteriormente, fue vicepresidente de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica, presidente de Academia de Centroamérica, profesor en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Stvdium Generale.