Por: Jaime Daremblum 9 mayo

Al revisar las noticias y algunos breves comentarios que a veces suelen acompañarlas, me han venido a la mente algunas dudas que no he logrado aclarar de manera satisfactoria. Sobre todo, pienso en la actual guerra en Siria y en tantas otras que han involucrado Estados soberanos y grupos insurgentes. Al sobrevenir treguas, las relativamente cortas y aquellas que se prolongan, ¿qué hacen las partes para disponer de los cadáveres de los respectivos enemigos?

Los estatutos internacionales suelen proporcionar normas temporales que, en conflictos multilaterales, requieren ser modificadas o renegociadas sobre el terreno o a través de emisarios en otras localidades. Hasta aquí todo muy bien. Sin embargo, los ejemplos contemporáneos muchas veces generan mapas sumamente complejos, como ha ocurrido en Siria.

En estas investigaciones, encontré recientemente un libro del historiador británico Paul Preston: The Spanish Holocaust.

Preston señala que detrás de las líneas de combate, durante la guerra civil española, cerca de 200.000 hombres y mujeres fueron liquidados extrajudicialmente o ejecutados mediante procedimientos irregulares. Estas muertes se debieron al golpe militar del 17 y 18 de julio de 1936 contra la Segunda República. Por la misma causa, unos 200.000 hombres fallecieron en los campos de batalla. Un número aún no precisado de hombres, mujeres y niños murieron por los bombardeos aéreos de las fuerzas de Franco sobre poblados.

En toda España, después de la victoria final de Franco y sus fuerzas, a finales de marzo de 1939, no menos de 20.000 republicanos fueron ejecutados. Muchos más murieron posteriormente en campos de concentración y cárceles abarrotadas, sobreviviendo en condiciones infrahumanas. Una fotografía de la época muestra a Franco, radiante, dándole la bienvenida al patibulario Himmler, enviado por Hitler. Pésimo síntoma.

Más de medio millón de españoles fueron despachados al exilio y a campamentos de trabajos forzados de los nazis en Francia, donde murieron. Varios miles fueron además liquidados en centros de esclavitud nazis.

¿Y los muertos? La mayoría en ríos, fosas y vertederos. Un enorme saldo de cadáveres, producto de la guerra, fue lanzado a honduras y fosas en el Valle de los Caídos. Sobre este inexplorado y descomunal camposanto se construyó una gigantesca cúpula que cubre una iglesia. De la cúpula emerge una inmensa cruz en honor de Franco.