Por: Jorge Guardia 22 noviembre, 2016

El dólar se disparó. Se apreció frente a las monedas duras del mundo –euro, yen, libra– y ante varias de las más suaves de países emergentes y en desarrollo. Algunos ( The Economist ) lo denominan The Trump tantrum, mote similar al taper tantrum de la Fed cuando anunció el inicio del fin del estímulo monetario, en el 2013. Tantrum, en tico, es algo así como un socollón.

Ayer, el euro se había depreciado un 4% frente al dólar (se cotizaba a $1,06) y otras monedas fuertes corrieron igual suerte (tal vez no eran tan fuertes); en Asia, varios bancos centrales intervinieron para evitar mayores desplomes; en Latinoamérica, el real brasileño cayó un 6% y el peso un 10% (pobre de México –decía Porfirio Díaz– tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos).

¿Por qué se está apreciando el dólar? Los mercados creen que un aumento de la inversión pública, junto a la anunciada reducción de impuestos y desregulación, impulsará el crecimiento (los países que crecen en términos reales fortalecen sus monedas), pero también aumentarán el déficit fiscal, la inflación y las tasas de interés. Y si la Fed convalida en diciembre la subida, mayores intereses serán un poderoso imán para atraer capitales.

¿Influirá ese lejano tantrum en Costa Rica? No está claro. Tampoco es seguro que el dólar se mantenga tan elevado una vez que se sepa con certeza el volumen de la inversión en infraestructura y el recorte de impuestos; tal vez, las bolsas se han precipitado y las cotizaciones se vuelvan a estabilizar. Pero el aumento de tasas de interés parece más seguro. El precio de los bonos soberanos tenderá a bajar más para exigir mayores rendimientos (el tesoro a 10 años ya llegó al 2,35%) y, quizás, afecte los flujos de capital. Entonces, conviene recordar lo sucedido en Costa Rica con el taper tantrum de la Fed.

El coletazo llegó tarde, justo antes de la elección del 2014; el mercado se alebrestó; el dólar se disparó; hubo un exceso de ajuste ( overshooting ) y, luego, se estabilizó a otro nivel. ¿Debemos prever algo similar? Esta vez al BCCR no lo cogerán asando elotes. Tiene reservas y está dispuesto a usarlas para aplacar brotes especulativos (si los hubiere), pero tampoco le conviene nadar contra corriente. ¿Cuántas reservas puede –o debe– perder? En el programa macro (dictado antes del Trump tantrum ) dijo que perdería $300 millones en el 2016 e igual en el 2017. La duda es si este tantrum implica cambios en los fundamentales que alteren el valor del colón y requiera nuevos ajustes para preservar el equilibrio. Por ahora, lo dejamos en una mera interrogación.