Por: Luis Mesalles 5 mayo

En su tercer informe de labores, don Luis Guillermo Solís resalta tanto los cambios introducidos durante su administración como los resultados positivos que, supuestamente, se derivan de dichos cambios.

Sin querer quitarles méritos a sus logros, me parece que la relación causal entre cambios y resultados no es tan clara como el presidente Solís nos quiere hacer pensar. Un ejemplo: acierta cuando dice que las cifras económicas muestran una economía en crecimiento y estable, pero no es cierto que esto se haya logrado “pese a un entorno internacional complejo”. Al contrario, el entorno internacional de los últimos dos años ha sido muy favorable para nuestro país –precios de materias primas y tasas de interés internacionales bajas, con crecimiento positivo de nuestros socios comerciales–. En esas circunstancias, más bien, la reactivación productiva debería haber sido mayor.

Pero, además, tal como lo explica muy claramente don Eduardo Ulibarri en su columna de ayer en este periódico, los cambios introducidos por esta administración no son un salto o un quiebre sustantivo, sino más bien mejoras graduales en algunos aspectos.

De ahí que el mismo presidente Solís acepta en su informe que aún falta mucho camino por recorrer para consolidar su “gobierno de cambio”. Reconoce que lo que falta no será fácil, para lo cual promete mantener el empuje de cambios hasta el último minuto de su gestión, a pesar de “circunstancias externas y limitaciones para la acción del Poder Ejecutivo”.

Con ello, y al igual que sus predecesores, don Luis Guillermo se queja del entrabamiento existente en este país, el cual no le ha permitido avanzar en sus intenciones de cambio a un ritmo más rápido. Aquí, don Luis apunta sus baterías hacia las estructuras burocráticas, los llamados “mandos medios”, acusándolos de “abusar del derecho como instrumento para obstaculizar”, y con ello proteger sus intereses.

Curiosamente, a pesar de la acusación tan grave, don Luis Guillermo no menciona en su informe ningún proyecto de ley destinado a reformar la estructura de contratación de empleados en el sector público. Se entiende, entonces, que el presidente usará mano dura para luchar contra esos mandos medios que limitan su actuar. Solo así podrá terminar su gobierno de cambio con resultados que tengan un impacto que perdure con el tiempo.