Por: Armando González R. 30 marzo, 2014

¿Estará la Unidad Socialcristiana dispuesta a asumir la responsabilidad histórica –y pagar el precio– de darle un segundo aire a la ruinosa reforma al Código Procesal Laboral que permitiría, en otros males, la huelga en los servicios públicos esenciales? La pregunta es fundamental de cara a la conformación del próximo directorio legislativo.

Los ocho diputados de la fracción socialcristiana son los grandes electores del primero de mayo. Sin ellos, los 13 del PAC y los 9 del Frente Amplio caen muy cortos de la mayoría de 29. Esa unión de fuerzas, ya enfrascadas en una negociación, requiere de otros siete votos.

Hay tres fracciones unipersonales, además de la del Movimiento Libertario, con cuatro legisladores, y Renovación Costarricense, con dos. Si los libertarios no entran en el juego, como es de esperar, los otros cinco legisladores seguirían siendo insuficientes para llegar a 29. Eso sin considerar la abismal distancia entre ellos y una posible coalición del PAC con el Frente Amplio.

Sin la Unidad (o Liberación) las aspiraciones del PAC en el Congreso parecen distantes. El Frente Amplio no pretende ocupar puestos en el directorio. Solo pide el apoyo del PAC para promover determinadas iniciativas, en particular, la tendiente a desechar el veto de la presidenta Laura Chinchilla a la reforma procesal laboral.

Si el acuerdo entre los dos principales socios se funda en ese elemento, o en otros igualmente polémicos, la participación de la Unidad implicará su bendición del pacto, aunque después vote contra el proyecto, como probablemente lo harán, también, algunos diputados del PAC.

Cuando menos, los socialcristianos le habrán dado a la reforma una segunda oportunidad y está por verse cuántas otras iniciativas fluirán de la alianza cimentada con su esencial participación.

Por otra parte, una negociación de la Unidad con el Partido Liberación Nacional (PLN) entraña el riesgo de evocar recuerdos del “Plusc”, justo ahora que los socialcristianos disfrutan de un frágil segundo aire y los liberacionistas encaran su peor coyuntura.

La solución del dilema del gran elector podría estar en manos del PLN. La insistencia de los liberacionistas en obtener el control del Congreso impulsa al PAC hacia el terreno del Frente Amplio, fortalece la capacidad de negociación de este último, confiere protagonismo a los sectores más radicales de la futura fracción gobiernista y pone a los socialcristianos en tentación.

El ganador de las elecciones merece la oportunidad de gobernar sin amarras innecesarias, y los perdedores deben abandonar la consigna de la oposición por la oposición misma para buscar espacios de entendimiento que favorezcan al país.