Por: Fernando Durán Ayanegui 15 febrero, 2015

Antes de captar el significado de las siglas GPS, utilizadas por un columnista de la red para designar a la Administración actual (Gobierno PAC-Solís), un lector alajuelense las interpretó como “Gran Pantomima del Siglo” porque, dijo, “la política nacional ni a sainete llega y de ella solo se destacan el mar de tinta y los torrentes radiales y televisivos que la burda comicidad de buena parte de nuestra dirigencia hace correr todos los días”. Y con razón: habría que estirar mucho el cuello para ver y oír de vez en cuando, por encima de las piruetas y los gruñidos de un penoso circo nacional, algunos matices interesantes de la realidad.

A razón de escoger en qué dirección vamos a soñar la salida del túnel, sería de utilidad leer El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, y, acto seguido, ponerle atención a uno de los más lúcidos y transparentes políticos europeos de la actualidad, Yanis Varufakis, ministro de Finanzas de Grecia. Resulta aleccionador observar cómo ambos intelectuales (de verdad y no manipuladores de consignas intercambiables, como tantos que conocemos) coinciden en la interpretación de la política y la economía de nuestro tiempo. Por supuesto, a nadie debe sorprender que no aparezcan en las crónicas farándulo-deportivas, en las que sí salen a figurar quienes ya sabemos.

No faltará quien diga que Piketty y Varufakis son producto de una moda pasajera nacida el otoño pasado y destinada a desaparecer con el próximo deshielo primaveral. Sin embargo, leyendo a uno y escuchando al otro nos viene a la memoria, desde más de veinte años atrás, el norteamericano John R. Saul, quien, en su libro Los bastardos de Voltaire , ofrecía apuntes como los siguientes, que, por cierto, le caen como anillo al dedo a nuestra clase política: “El cinismo, la ambición, el arte de la retórica y el culto del poder eran los accesorios de las cortes del siglo XVIII. Son, pues, atributos de los cortesanos. Y eso es precisamente en lo que se han convertido nuestras élites modernas, desprovistas de toda pasión y deseosas de promover sus particularidades en la población… [de tal modo que]… para perpetuarse necesitan crear un sistema pedagógico ad hoc … Los ciudadanos piensan que las élites están compuestas por personas convenientemente formadas y escogidas para actuar a tono con la Edad de la Razón, pero el desdén con que estas recompensan esa confianza traiciona a aquellos a quienes se comprometieron a servir, vale decir, sus legítimos empleadores”. En fin, una moda que ya dura.