Por: Armando González R. 21 octubre

Al tonto del pueblo le regalaron un caballo. No tenía recursos para alimentarlo y decidió enseñarle a no comer. No le redujo las porciones de golpe y porrazo. Lo hizo poco a poco, con buen éxito. Cuando el animal estaba a punto de aprender, inesperadamente murió. Entonces, el tonto se hizo diputado y diseñó el sistema de pensiones costarricense.

Es un sistema único, capaz de crecer y multiplicarse con grandes gastos y pocos ingresos. Es preciso cuidarlo, no vaya a pasarle lo del caballo justo cuando logramos dominar el arte de hacer chocolate sin cacao. La Caja Costarricense de Seguro Social, por ejemplo, inventó un mágico régimen de pensiones, exclusivo para sus trabajadores. A la fecha, tiene 14.523 beneficiarios y ¢200.722 millones en fondos acumulados, pero los afiliados no aportaron jamás un céntimo.

El año pasado, la jubilación promedio del Fondo de Retiro de Empleados de la Caja (FRE) fue de ¢138.000, poco más de la mitad de la pensión promedio del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). El tope de los beneficios del FRE está en ¢318.787 al mes, mucho más de los ¢269.000 pagados en promedio por el IVM. Lo beneficiarios reciben el estipendio encima de la pensión concedida a los ciudadanos comunes.

Ese tesoro nacional –el sistema no contributivo de pensiones adicionales, para llamarle de alguna forma– está a punto de zozobrar. Hay otros regímenes maravillosos, todos para disfrute de empleados estatales, pero su gracia se limita a la alquimia de pagar más de lo cobrado. El FRE prescinde totalmente del cobro. Esa hazaña no la imita, siquiera, el maravilloso régimen del Poder Judicial.

Al FRE tampoco se le puede acusar de ser una carga para el presupuesto nacional. No hay odiosas transferencias. Existe, eso sí, un peligro. El fondo comenzará a desfinanciarse a partir del 2021 y sufrirá la suerte del caballo en el 2031. Es inevitable. El 2 % de las contribuciones al seguro de salud de los trabajadores afiliados al IVM, así como las de sus patronos y el Estado, ya no alcanzan para sostener al FRE.

Si los empleados de la Caja se privaran del otro 1 % sustraído del pago sobre las planillas y lo trasladaran al FRE, se quedarían sin Fondo de Ahorro y Préstamo, pero tampoco alcanzaría para salvar el especialísimo sistema de pensiones. El 3 % total donado por el pueblo de Costa Rica a los empleados de la Caja sería apenas la mitad de lo requerido para prolongar la vida del sistema. Urge hacer algo, quizá aprovechando los demás recursos sobrantes del seguro de salud.

Armando González es director de La Nación.