Por: Armando Mayorga 29 diciembre, 2016

Estamos cerrando el año. Un año difícil en lo económico, pero que no terminó tan mal como se anunció en un principio. Al menos, en términos macroeconómicos, los números cerraron... bastante bien.

El temido déficit fiscal, que se preveía iba a romper la barrera del 6% del producto interno bruto, habría quedado en 5,1%, muy por debajo del 5,9% del año pasado. Y eso, sin nuevos impuestos.

Todo indica que hubo una mejor administración de los recursos. Por un lado, los ingresos del Gobierno Central crecieron 8,5% pero, sobre todo, los egresos, aumentaron en menor grado, un 5,7%, frente a un 8,5% un año antes.

La inflación interanual estuvo en un rango bajo, de apenas 0,56% a noviembre. En esto, el factor principal es el externo, gracias a la caída en el precio del petróleo.

Estos y otros números son alegres en comparación con los que pintaban al inicio del año, con un déficit fiscal proyectado en 6,2%, entre otras cifras oscuras que daban miedo.

Sin embargo, para el 2017, la situación podría empeorar porque las medidas de ajuste fiscal han sido prácticamente nulas, pero, sobre todo, porque la inacción será total. Se pateará la pelota para el 2018, para que la reciba el gobierno que se estrenará el 8 de mayo.

Este 2017 es año electoral, donde cada partido político, cada diputado, estarán en campaña por ganarse votos, por quedar bien con los electores y eso se traduce en no aprobar proyectos o reformas que contengan impuestos. Populismo sí, pero esa es nuestra clase política. También esa es nuestra cultura política, donde sancionamos con el voto acciones que podrían ser verdaderamente responsables.

Por ello, será difícil ver cambios para contener gastos, por ejemplo, en los pluses de los trabajadores públicos, que son un disparador del presupuesto público. El Gobierno, con su debilidad y ambiguedad en este tema, tampoco da confianza de que algo bueno para las finanzas saldrá del Congreso.

Así, el manejo del problema fiscal se seguirá maquillando con recortes en el gasto público, pero, sin resolver los problemas de fondo, porque, ya se agotó el tiempo político ideal para hacer esos ajustes. La tarea queda para el nuevo gobierno que, esperemos, sí actúe de inmediato, sin dilaciones, a partir del 2018.