Por: Eduardo Ulibarri 11 mayo

Entre las muchas expectativas que genera la elección de Emmanuel Macron en Francia, está que puedan forjarse, en un caso, y reforzarse, en otro, dos “ejes” internacionales vitales. Uno se centra en los valores y la inspiración; el otro, en la economía y la geopolítica. Los grandes acompañantes en ambos ejercicios de geometría conceptual y pragmática serán, respectivamente, Justin Trudeau en Canadá y Ángela Merkel en Alemania.

De cara a los riesgos de Trump, las amenazas de Putin, los desafíos del brexit y los fantasmas del proteccionismo, el hipernacionalismo, la xenofobia, la exclusión y el terrorismo, su conformación y vigor son esenciales.

Macron, de 39 años, y Trudeau, de 45, encarnan un salto hacia la renovación política que no solo es generacional, sino también doctrinario, programático y hasta sensorial. Sus convicciones se enraízan en el liberalismo, la democracia, la justicia, la tolerancia y la solidaridad. Desde allí impulsan la apertura, la globalización inteligente, la superación de moldes ideológicos carcomidos y la transformación de políticas, programas e instituciones agotados. También abrazan el proyecto europeo, el primero como líder de un país clave; el segundo, como interlocutor convencido de su trascendencia.

Sin complejos saben que, desde sus identidades nacionales, son ciudadanos del mundo. Su ejemplo, proyectado desde dos grandes naciones, podrá hacer que, parafraseando a Emerson, más personas, en todas partes, “aten su carro” a la esperanza constructiva, no a los jinetes apocalípticos del populismo autoritario.

Pero además de referente político, a partir del domingo, Macron será presidente de un Estado indispensable de la Unión Europea, su segunda economía y una potencia nuclear media, con capacidad (y disposición) para proyectar su fuerza convencional. Él y Merkel podrán relanzar el eje francoalemán, gran centro de gravedad europeo, contraponerse a los extremismos, generar nuevas visiones y gestar opciones ante posibles agresiones de Putin o desvíos geopolíticos de Trump. Ambos ejes son complementarios y se refuerzan mutuamente, por sus profundas raíces democráticas y porque en el mundo de la política, sobre todo la global, ideales y realidades, aspiraciones y capacidades también son binomios vitales.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).