Por: Jorge Guardia 14 febrero

La pregunta es válida: ¿Invertir en dólares ($) o colones (¢); endeudarse en colones o dólares? La respuesta no es tan clara.

Por décadas, la pregunta era ociosa. Con las “minis”, el tipo de cambio era predecible, la inflación siempre superaba la internacional y las tasas de interés en ¢ excedían a sus homólogas en $. Medida por la liquidez, la dolarización alcanzó el 52% del total en el 2005. Era un paradigma equivocado.

Con las bandas, el tipo de cambio se hizo fijo, pero las tasas en ¢ seguían superando las de $. Los deudores se inclinaban por el $ y los inversores le apostaban al ¢. Con la flotación, las cosas comenzaron a variar. Los meneos cambiarios causaron menor crédito en $ (más en ¢) y algo similar en ahorro. Hubo un período en que la tendencia se revirtió (por la estabilidad cambiaria), pero volvió al reanudarse la depreciación.

La tasa básica pasiva en enero, 2015 era 7,2%, y no había devaluación. Había que ahorrar en ¢ y endeudarse en $. En enero, 2016 la tasa básica bajó a 5,95% pero el tipo de cambio continuó moviéndose; en el 2017, la tasa básica cayó a 4,45% y la depreciación acumulada suma casi 5%. La ventaja de ahorrar en ¢ prácticamente se esfumó y la desventaja de endeudarse en colones también bajó (la tasa activa promedio cayó casi 3 p.p.) ¿Cómo pinta el 2017? Las tasas en $ y ¢ subirán, pero la devaluación, según algunos, podría alcanzar un 5%. Como ven, no es claro si conviene ahorrar en ¢ y deber $, por los riesgos difíciles de precisar.

El BCCR se ha revelado cada vez más autónomo y no le gusta la dolarización. Afecta su política monetaria (hecha en colones) e impone riesgos sistémicos que limitan la política cambiaria (no puede soltar el tipo de cambio porque el volumen de crédito a no generadores de divisas haría tambalear al sistema). Por eso, impuso medidas para endurecer el crédito en $. Para los bancos ya no es tan conveniente captar ni prestar en $ y, para el deudor, si le conviene endeudarse en $, sobre todo a largo plazo. Depreciaciones imprevistas podrían encarecer el costo de los pasivos.

Es el advenimiento de un nuevo paradigma financiero, más favorable y estable para todos. El gran reto es controlar la inflación y las tasas de interés para asimilarlas a las mundiales (2% en países avanzados) y promover reformas para reducir el margen de intermediación financiera. Si se logra, sería indiferente ahorrar en $ o ¢, o endeudarse en ¢ o $. La verdadera revolución financiera.