Por: Jorge Vargas Cullell 18 octubre

La semana pasada envié por error un artículo viejo, de meses atrás, y, por primera vez en once años, salió una columna mía repetida en este diario. Mis excusas. Y, como hubo tiempo para corregir el entuerto en la versión digital, por unas horas se publicaron dos columnas distintas en un mismo día. Moraleja: a cualquier mono se le cae el zapote, cantidad no es calidad y Varguitas se nos hace viejo.

Aclarado el punto, vamos al trapo. El jueves del enredillo se celebraba el Día del Encuentro de Culturas en conmemoración del avistamiento del “Nuevo Mundo” por Cristóbal Colón hace más de cinco siglos, que dio paso a la conquista europea del continente americano. Día de la Raza se le llamaba cuando yo era chiquillo, con fuerte tufo a franquismo irredento.

El encuentro de culturas, que lo hubo, fue, sin embargo, lo más parecido a un atropello. Toda guerra de conquista es extremadamente cruel. Esta, en particular, fue seguida por una hecatombe demográfica: casi 9 de cada 10 americanos originales murieron en las décadas siguientes, principalmente a causa de epidemias.

Ello explica un tercer fenómeno: la presencia de población africana en nuestro continente. En efecto, millones fueron traídos forzadamente como esclavos, mano de obra barata allí donde escaseaba. Y así, como ocurre siempre en la historia, un nuevo mundo mestizo y multicultural fue parido con violencia.

A lo hecho, pecho. No deseo dar pábulo a la “leyenda negra” de la invasión europea, sino a otra cosa. Un denominador común del dominio español, inglés, francés y holandés en América fue la subordinación, por siglos, de las poblaciones originales y de las afrodescendientes. Incluso hoy, no hay país de las Américas, de Canadá hasta Chile, en el que indígenas y negros no estén entre las poblaciones más excluidas y con peores condiciones de vida y trabajo.

En Costa Rica tenemos mucho camino por recorrer para corregir el legado de siglos de opresión y acorralamiento de las poblaciones originales y de racismo contra afrodescendientes. Son indispensables políticas activas contra la discriminación y, en ese sentido, el proyecto planteado por la Defensoría de los Habitantes es una valiosa herramienta para combatirla.

Pero el día en que la celebración del Encuentro de Culturas dé paso a un verdadero reconocimiento de la diversidad, será cuando nadie en Costa Rica diga “no seas indio” para reprobar el comportamiento de otro.