Por: Jorge Vargas Cullell 19 marzo, 2015

Al ritmo que vamos, dentro de dos años circularán 100.000 carros nuevos por las calles de Costa Rica. Muchos andarán orondos, aunque endeudados hasta las cachas.

Las agencias vendedoras estarán hinchadas de felicidad, los bancos se frotarán las manos y el Gobierno hará caja con los impuestos. Todo muy bien. Antes usé el verbo “circular” por decir algo, pues lo más probable es que las calles se transformen en una inmensa mazamorra de lata.

El lado bueno quizás sea que, cuando uno no tenga nada que hacer, podrá proponerle a la novia ir a marcar a la presa de la ruta 27, en vez de visitar el volcán o el mall . Bien mirado, ¿por qué no?, si la situación será ya de locura.

Por supuesto que habrá una queja general por la congestión. Como muchas vías están cerca o ya pasaron el punto de saturación, miles duplicarán sus tiempos de transporte. Todos dirán: “¡Qué barbaridad! ¡Ya no se puede vivir!”.

¿Saben qué? Calladitos más bonitos, porque entre todos hemos decidido entronizar al transporte individual como el Rey del Mambo. En esto sí que no podemos echarle toda o la mayor parte de la culpa al Gobierno (es nuestro cómplice íntimo). Como en muchos sectores viajar en bus es un desdoro, un símbolo de fracaso social, sigamos triunfando con nuestros carros nuevos.

La situación no es exclusiva de Costa Rica. Los “tranques” en Panamá son alucinantes; y en Guatemala y Bogotá.

Los campeonatos mundiales de esta sinrazón seguramente se disputan entre São Paulo, México DF, Los Ángeles o Bangkok. O quizá haya otras 200 ciudades candidatas al desastre mayor; ciudades pobres, ciudades ricas.

En el mundo contemporáneo existe una necesidad insaciable de espacio para los carros y nunca alcanza: más parqueos, más vías de diez carriles, menos parques. Es como una epidemia.

Ideas audaces. El año pasado, Helsinki, capital de Finlandia, se fijó la meta de ser una ciudad sin carros en el 2025 con el proyecto SuperHub. La idea es hacer innecesario el uso del coche privado para moverse en la ciudad mediante una plataforma que integre distintos medios de transporte. Hamburgo anda en las mismas, Copenhague ya ha logrado desbancar al “Rey Carro”, y transformó parqueos en parques.

En fin, quizá no tener auto del todo sea difícil en San José, pero el punto es ponerse a innovar y dejar de lado la queja que ya aburre, y no es más que una excusa aceptadora de una realidad demencial. A pensar distinto y emprender ya, si queremos vivir mejor en el futuro.

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