Por: Jorge Vargas Cullell, Jorge Vargas Cullell 18 febrero, 2016

En la encuesta de noviembre del 2015 del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), solo el 1% de la gente dijo que el déficit fiscal es el principal problema del país. Las personas andan preocupadas por el desempleo y la inseguridad ciudadana; opinan cada vez más mal del gobierno (al que consideran una gran decepción) y, como ocurre desde hace años, creen que el país va por mal rumbo.

En síntesis, nadie ve al déficit fiscal caminar cachazudo por la avenida central junto con su hermano gemelo, el endeudamiento público, el que, por cierto, está cada día más rematadamente obeso. Los problemas financieros del Gobierno no están en el radar de las preocupaciones ciudadanas.

¿Por qué no se ve al déficit fiscal como un problema? ¿Es que la gente está detrás del palo sin entender la gravedad de la situación o, por el contrario, tiene la suficiente malicia indígena para saber que tratan de asustarla para desviar su atención de los verdaderos problemas como la desigualdad social y la mala gestión pública? En resumen, ¿está la gente en la luna de Valencia o no es tan fiero el león como lo pintan?

Para que vean que Varguitas nació en Costa Rica y desde niño aprendió a decir que en un pleito todas las partes tienen razón, argumentaría las dos cosas: que el problema fiscal es gravísimo, que desgraciadamente la ciudadanía no lo está percibiendo y, al mismo tiempo, que la gente tiene razón en señalar la inequidad y mala gestión pública como los principales desafíos. “Idiay –me dirán–, ¿otra vez queriendo quedar bien con Dios y el diablo? Ese truco está muy viejo”.

Lo pongo así: la falta de empleo y la inseguridad ciudadana reflejan fallos de fondo de nuestro estilo de desarrollo. Si no se resuelven, no hay perspectiva posible de prosperidad en el futuro. La desesperada situación fiscal, por su parte, es nuestro problema inmediato: si no lo resolvemos, y dejamos que estalle una crisis fiscal, el desempleo y la inseguridad se pondrán peor.

La gente no percibe la gravedad del problema fiscal porque objetivamente no ha visto sus consecuencias. Para tapar el hoyo, el gobierno se ha endeudado hasta la camiseta. Es como cuando uno usa la tarjeta de crédito: no duele al comprar, pero sí a la hora de pagar... y estamos cerca de ese día.

Cuando la deuda del Gobierno se vuelva inmanejable, el déficit estallará en la cara de la gente en la forma de recorte de servicios, alza en las tasas de interés y salarios reales deprimidos. Entonces, todos veremos al déficit fiscal caminar por la calle.

Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.