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Actualizado el 10 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Al comenzar otro curso, el Ministerio de Educación ha asumido el compromiso de educar “una ciudadanía planetaria ”. El objetivo es estimulante; la lista de herramientas para alcanzarlo, abundante: conectividad, derechos humanos, plurilingüismo, desarrollo sostenible, diversidad, habilidades para el siglo XXI, nueva política curricular, multiculturalidad y –aunque lo omite la comunicación oficial– planes piloto de educación dual.

La promesa seduce. Adopta una visión unificadora que, si avanza, permitirá alinear esos diversos “astros” alrededor de un sistema. Abraza valores, métodos y destrezas universales, integradores, prácticos y a la vez humanistas, que contrastan con el populismo en boga. Abre la puerta para una interacción más dinámica con la realidad. Además, integra conceptualmente lo local y global: actuamos en el planeta desde el país y la cultura en que vivimos.

El gran desafío , ahora, será avanzar de la concepción a la práctica; es decir, trasladar tan grande y meritoria ambición a cada aula, y medir los resultados. Es el duro desafío de la ejecución, que deberá pasar por las dinámicas laborales, gremiales, organizativas, presupuestarias, de organización y capacitación; por el cambio de prioridades y sus efectos sobre intereses creados; por la ruptura de inercias; por las marañas legales, y por el temor o desdén hacia el cambio. Es decir, el reto, esencialmente educativo, depende de variables que no lo son.

A lo anterior se añade otra difícil tarea: el manejo de las expectativas. En su anuncio del lunes en este periódico, el Ministerio proclama el inicio de “una nueva oportunidad en las aulas”. Si esta oferta no comienza a hacerse tangible pronto, el esquema podría debilitarse severamente y deshacerse en el intento.

Al elevar su “propuesta de valor”, la ministra Sonia Marta Mora ha elevado también la vara para medir su desempeño. Es una decisión arriesgada; también valiente. Si encuentra eco en los educadores, instituciones, estudiantes, familias y comunidades más progresistas; si produce buenos resultados demostrativos, y si articula una línea narrativa clara y estimulante, podría generarse un cambio esencial. Este será su año clave. Suerte.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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