Opinión

Buenos días

La perdida cortesía

Actualizado el 10 de mayo de 1995 a las 05:51 pm

Opinión

La perdida cortesía

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Julio Rodríguez
ampliar
Julio Rodríguez
Se llama Guillermo Bogantes; edad, 35 años; profesión, educador. Viva, la revista diaria de La Nación, de ayer, lo sacó de la risueña comunidad de San Rafael de Heredia, donde vive y actúa, para mostrarlo al país.

Es otro de los héroes anónimos y silenciosos de Costa Rica. No forman parte del espectáculo ni figuran en el proscenio de la publicidad. No son eso que llaman personajes a quienes, cuando entran en un lugar público, la gente los vuelve a ver y los mirados se sienten importantes y reparten saludos y sonrisas y hasta hablan en voz fuerte para que otros adviertan su presencia.

Los héroes anónimos no son de estos, pero hacen Patria, como se hace la Patria, en silencio y, muchas veces, en medio de intensos sacrificios. Como la viuda del evangelio, depositan y se van.

Guillermo recibió, en 1985, el título de "joven del centenario cantonal" y, en vez de regodearse con el honor, se dijo para sí: "De ahora en adelante, debo ser un ejemplo para las futuras generaciones." Y, entonces, comenzó a dar el ejemplo como se da el ejemplo: con hechos, pues con palabras lo hace cualquiera. No hay nada más fácil que predicar. Muchos políticos son maestros en este oficio.

Un día, Guillermo se dio cuenta de que los funerales estaban muy caros y las familias andaban, de casa en casa, buscando el cinco para enterrar al muerto. Entonces, estableció, con un grupo de colaboradores, una funeraria. Otro día vio los apuros de la gente por los accidentes y el transporte de los enfermos. Entonces, puso manos a la obra y estructuró el comité de la Cruz Roja. Y todo esto lo hacía sin dejar de ser maestro, es decir, educador, pues Guillermo es director de la escuela Manuel Camacho.

Cada 24 de diciembre les organizaba una fiesta a los ancianos del pueblo, pero un día se preguntó que por qué solo en esa fecha, pues las personas necesitan amor y solidaridad todo el año. No hay asueto para el sufrimiento ni para la soledad ni para la pobreza. Y, entonces, con un grupo de jóvenes, creó un centro de atención diurna.

PUBLICIDAD

Dice Viva que Guillermo vivía en una casa de adobe, detrás de la parroquia, y que, desde esa posición estratégica, observó que muchos padres de familia no podían ayudarles a sus hijos en los estudios, pues carecían de conocimientos. Y, entonces, fundó una escuela de alfabetización nocturna, donde él mismo daba clases, tras el cansancio del día. También ha colaborado en equipar con aparatos médicos la clínica de su pueblo, está por establecer el Club de Leones de San Rafael de Heredia y trabaja, con otros héroes anónimos, en el funcionamiento de una casa de la cultura y de un polideportivo. Al final, añade: "El trabajo termina hasta el último día en que uno puede ver la luz del Sol". Se descansa con la muerte.

!Qué gran país sería el nuestro si surgiesen millares de héroes anónimos, si tantas personas dotadas de medios, de tiempo y de talento imitasen estos ejemplos y si, además, la vieja escuela política cediese el paso a una nueva mentalidad, hecha de pensamiento y de acción, de ideas y eficacia, de hondura y celeridad!

  • Comparta este artículo
Opinión

La perdida cortesía

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota