Por: Luis Mesalles 2 abril, 2016

En su discurso oficial en La Habana, Barack Obama resaltó una gran cantidad de similitudes entre estadounidenses y cubanos. Pero también fue claro en que existen diferencias fundamentales entre ambos países, sobre todo en el ámbito político y económico.

Dijo: “Cuba tiene un sistema de un solo partido; Estados Unidos es una democracia de múltiples partidos. Cuba tiene un modelo económico socialista; Estados Unidos es un mercado libre. Cuba ha reforzado el papel y los derechos del Estado; Estados Unidos está fundado sobre los derechos individuales”.

En Estados Unidos, el Gobierno puede limitar los derechos individuales únicamente bajo circunstancias muy calificadas. Para ello debe asegurarse de que el bien común que se pretende generar es mucho mayor que la pérdida producida por la limitación causada a los individuos.

En Cuba, el gobierno tiene poderes plenos para hacer prácticamente cualquier cosa. Se respaldan en la premisa de que los gobernantes saben mejor que las personas lo que le conviene a cada uno, y por ende, a la colectividad. Con tal de perseguir el bien común, los derechos individuales pierden importancia.

No se puede asegurar, sin embargo, que dar prioridad a los derechos del Estado sea lo mismo que perseguir el bien común. La historia de Latinoamérica está llena de ejemplos de dictaduras, tanto de izquierda como de derecha, donde los derechos individuales han sido atropellados, sin que el bien común haya sido la prioridad de quienes ostentaron el poder.

Por ello, la discusión entre derechos individuales y del Estado es constante, y los países se mueven en un péndulo entre unos y otros. En Europa, por ejemplo, a raíz de los atentados terroristas de los últimos meses en París y Bruselas, hoy se discute si deberían limitarse algunos derechos de las personas, a favor de la seguridad de la colectividad. La decisión no está clara, ya que mucha gente no se siente cómoda con que los Estados manejen tanta información personal, que puede ser mal utilizada.

En Costa Rica, la discusión sobre cuánto limitar los derechos individuales a favor del Estado la tenemos en proyectos como la “ley mordaza”, la de extinción de dominio o el registro de accionistas en la ley contra el fraude fiscal.

En cada proyecto, la discusión debería girar en torno a la definición de cuál es el objetivo de bien común que se persigue, si vale la pena limitar los derechos individuales para ello y si es necesario para lograr el objetivo. Dentro de eso, debemos definir, como país, si nos queremos parecer más a Estados Unidos o a Cuba.

Luis Mesalles obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada. Participa en varias juntas directivas. Anteriormente, fue vicepresidente de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica, presidente de Academia de Centroamérica, profesor en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Stvdium Generale.