Por: Juan Carlos Hidalgo 13 marzo

Si de este servidor dependiera, estos serían los cinco grandes temas sobre los que debería enfocarse la campaña política en ciernes:

Crisis fiscal: Es muy probable que a la próxima administración no le alcance para patear la bola. La deuda del gobierno central alcanzó el 45% del PIB y sobrepasaría el 60% en el 2020. En los primeros meses del año, dos calificadoras de riesgo bajaron la nota de la deuda soberana del país. El servicio de la deuda continuará creciendo como proporción del gasto y el endeudamiento público acaparará cada vez más el crédito disponible. De no atenderse ya, el desbalance fiscal terminará asfixiando la economía o desatando una crisis similar a la de 1980-82.

Pensiones: Informes actuariales de la UCR han confirmado el agudo deterioro financiero de dos importantes regímenes de pensiones. El de la CCSS –al cual cotizan 1,4 millones de trabajadores– entraría en crisis en el 2030. El fondo de jubilación del Poder Judicial tiene un déficit de ¢5,3 billones –aproximadamente 19,5% del PIB–. Por la naturaleza del problema, las reformas necesarias para evitar una ruptura social y presupuestaria deben ejecutarse cuanto antes.

Infraestructura vial: Es quizás la situación que más atenta contra la calidad de vida de los costarricenses, particularmente de quienes viven en la GAM. El problema no es que haya muchos carros –como sugieren algunos– sino que nuestra infraestructura vial está obsoleta. Urge ejecutar proyectos de gran calado, incluyendo propuestas de transporte público que tengan sentido económico.

Aumento en criminalidad: El 2016 cerró con la mayor tasa de homicidios de la historia: 11,8 por cada 100.000 habitantes. El crimen organizado relacionado con las drogas es responsable por un creciente número de asesinatos en el país. Debemos replantear la fallida estrategia antinarcóticos. La alternativa es continuar cosechando más violencia.

Alto desempleo: El país lleva cinco años con una tasa de desempleo que ronda el 10%. Esto indica que hay un problema estructural –y no meramente coyuntural– en el mercado laboral. Se requieren reformas importantes y no simplemente esperar a que el flagelo desaparezca por sí solo.

Ciertamente hay otros temas que merecen atención, pero todo no puede ser una prioridad para el próximo gobierno. La pregunta que debemos hacernos es: ¿pueden estos cinco problemas pasar cuatro años más sin arreglo?