Opinión

Una cebolla

Actualizado el 24 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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En lo que se refiere a la corrupción en el sector público, el examen mediático tiende a limitarse a casos de gran envergadura que, de todos modos, son poco susceptibles de recibir el trato judicial que ameritan.

En efecto, es difícil señalar una democracia en la que el sistema legal no esté condicionado por la influencia de los actores más eficaces del poder; pero, haciendo un símil culinario, podemos suponer que la estructura del Estado es concéntrica y laminar, como la de una cebolla, y si las capas superiores están ya podridas queda la esperanza de encontrar en el interior un núcleo sano, utilizable.

Sin embargo, parece que en Costa Rica tendremos que prescindir de la cebolla a partir de ahora. Está el caso de una compatriota que nos cuenta haber visto, en un autobús de la línea San José-Coronado, cómo una religiosa recibía un duro golpe en la cabeza a causa de un brusco movimiento del vehículo. El conductor aparcó el autobús y les pidió a los demás pasajeros que lo abandonaran para que él pudiera llevar de inmediato a la monja a una clínica privada cercana, ya que las unidades de la empresa cuentan con un seguro que cubre a los usuarios cuando se dan percances como aquel. ¡Bravo!, pero nuestra informante, tras narrar el incidente, comentó la gran diferencia con un caso similar en el que ella fue la víctima, acontecido a finales del año pasado, esta vez dentro de un autobús de la empresa Guadalupe Ltda. (línea San José-Guadalupe).

Ella resbaló sobre un charco de combustible (diésel) que se había formado en el piso del vehículo y sufrió un golpe, a raíz del cual debió ser hospitalizada, solo que: a) esta otra empresa tenía vencida la póliza de seguro del vehículo, b) aunque Riteve había señalado el defecto que causaba el vertido de combustible, este no había sido reparado y c) la carencia de una póliza que cubriera a los pasajeros impidió que la víctima fuera atendida por el Instituto Nacional de Seguros y por esa razón tuvo que acogerse momentáneamente, en desventaja, a su seguro regular de trabajadora.

Posteriormente, con el fin de garantizarse una atención médica acorde con la gravedad de su estado, se vio obligada a elevar el caso ante el Consejo de Transporte Público y hoy, siete meses después de puesta la denuncia, el funcionario del Consejo encargado de darle trámite, continúa procrastinando, al parecer, en procura de la prescripción que beneficie al transportista. De manera que hasta la capa más profunda de la cebolla huele a podrido.

(*)Fernando Durán es doctor en Química por la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la Universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector en 1981.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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