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Actualizado el 09 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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Nadie lo ha dicho tan bien como el gran Pablo Antonio Cuadra, en su ensayo El nicaragüense : “De la idea de Tránsito se pasa a la idea de Canal y toda nuestra política (¿durante cuántos años?) parece estar pendiente de ese destino”. Y pocos han sabido manipular esa visión (¿espejismo?) como Daniel Ortega.

Al artilugio de una obra que sacará a todos de la pobreza debe, en alguna medida, su enquistamiento en el poder. Pero el castillo de naipes construido a su alrededor cada vez parece menos sostenible, y ha sufrido dos golpes que podrían ser letales.

Hace muy poco, la empresa Environmental Resources Management entregó al Gobierno de Nicaragua el estudio sobre el impacto social y ambiental del proyecto. Las autoridades lo han mantenido en secreto, pero no han podido evitar que se divulguen detalles alarmantes.

Hasta Jaime Incer Barquero, ambientalista oficial, declaró que el informe reconoce múltiples “impactos adversos inevitables”, y que no aclara “cómo van a mitigarlos, si son mitigables o cómo los van a evadir”.

Casi de forma simultánea, Wang Jing, el misterioso concesionario por 100 años del canal, perdió en la bolsa de Shanghái el 89,2% de su riqueza accionaria, calculada antes en $10.200 millones.

Wang no se hizo pobre, pero sí alcanzó un embarazoso récord mundial, documentado por el servicio informativo Bloomberg : haber sufrido la mayor caída porcentual de una fortuna.

Los temores sobre el impacto ambiental y social del proyecto han reactivado la oposición y protestas internas, y han acrecentado las dudas internacionales sobre su viabilidad y credibilidad .

El colapso bursátil de Wang ha multiplicado las suspicacias, sin que aún haya levantado un solo centavo de terceros para financiar las obras.

Añádanse la inseguridad jurídica de Nicaragua y la falta de estudios técnicos y comerciales, y el resultado es una tormenta perfecta. Difícil que alguien invierta en tales condiciones, aunque no se puede descartar al Gobierno chino.

En el pasado, Ortega ha desplegado una enorme habilidad para eludir responsabilidades. Si todo fracasa ahora, ¿a quiénes las trasladará? No le será fácil responder, porque lo que está de por medio, como escribió Cuadra en 1967, es un sentido destino del que todos, por su propia manipulación, están pendientes.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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