Por: Luis Mesalles 15 septiembre

Al tomar una foto de la situación económica de Costa Rica, esta no se ven tan mal. La economía crece a un buen ritmo, la inflación es baja, la cuenta externa es ligeramente deficitaria, pero financiada sanamente con inversión extranjera directa. Lo malo es cuando uno proyecta la película hacia adelante. El elevado déficit fiscal empieza a reflejarse en tasas de interés al alza, algo de devaluación y en un estrujamiento del crédito privado que repercute en menos crecimiento económico.

Claramente, Costa Rica tiene que hacer algo para resolver su situación fiscal. No hacer nada significa que cada día tomamos un paso más hacia el precipicio. Pero esto lo venimos diciendo desde hace años, sin que se tomen las decisiones necesarias para corregir el rumbo.

En la administración de doña Laura Chinchilla se discutió ampliamente una reforma tributaria, que eventualmente se aprobó, pero que la Sala IV se trajo abajo. Luego se perdió tiempo valioso al inicio de la administración de don Luis Guillermo, porque este no le quiso dar importancia al tema. Tanto así que el primer presupuesto que presentó contenía un nivel de crecimiento del gasto desproporcionado con la realidad.

Si bien se ha avanzado en la aprobación de algunas leyes para mejorar la recaudación y disminuir el gasto, las más importantes aún no se han aprobado. Regla fiscal, empleo público, IVA y renta, han entrado y salido de la corriente legislativa en varias ocasiones.

Hace pocas semanas, el presidente Solís le anunció a todo el mundo que el gobierno tenía graves problemas de liquidez, por lo que urgía tomar acciones. A finales de agosto, casi se llega a un acuerdo en la Asamblea, pero luego nada pasó. Setiembre se supone que es mes de discusión del presupuesto, pero la interminable trama del “cementazo” ha acaparado la atención de los diputados.

Todo esto se complica aún más con la campaña política que ya empezó. Se puede prever que no se tomará ninguna nueva acción para corregir el rumbo fiscal, ni en el Ejecutivo ni en el Legislativo, entre ahora y mayo del año entrante.

Un día de estos me preguntaba un extranjero: “Si los costarricenses, que a todas luces tienen una gran capacidad técnica, y se distinguen de los demás países de la región, ¿por qué son incapaces de tomar las decisiones políticas que se requieren para resolver el problema fiscal?”. Con gran frustración tuve que contestarle: “No sé”.