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Actualizado el 13 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

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Carole Cadwallader, periodista de The Observer, quedó atónita cuando escribió en la barra de búsqueda de Google las palabras “son los judíos…”. No le dio tiempo de completar la frase. La función automática adivinó el resto de la pregunta y produjo, inmediatamente, una página de sugerencias, entre ellas un artículo titulado “¿Son los judíos malvados?”. La respuesta es “sí”.

Alarmada, la periodista constató la misma línea argumental en nueve de las diez opciones desplegadas para contestar una pregunta que ella nunca pensó formular. No es casualidad. Grupos de extrema derecha han conseguido aprovechar los algoritmos que deciden la oferta de Google para presentar, en lugares destacados, artículos coincidentes con su perversa visión del mundo.

Es hora de preocuparnos, y mucho. Los investigadores han constatado cómo la inmensa mayoría de la gente nunca pasa a la segunda página de resultados. También hay estudios sobre el efecto persuasivo de las opciones desplegadas. “Es el equivalente de ir a una biblioteca, preguntar al bibliotecario sobre el judaísmo y recibir diez libros promotores del odio”, dice Danny Sullivan, un experto sobre motores de búsqueda consultado por Cadwallader.

Cuando la periodista preguntó si Hitler fue malo, la oferta a la cabeza de la página resultó igualmente perturbadora: “Diez razones por las cuales Hitler fue uno de los buenos”. Ocho de los otros diez resultados confirmaban las supuestas bondades de la bestia del Tercer Reich.

Apenas se publicó la pieza en The Observer, Google se dio a la tarea de corregir el problema, pero los motivos de preocupación subsisten. Si bien la función de autocompletar no volverá a proponer, por lo pronto, artículos antisemitas a quien ni siquiera los está buscando, la fácil manipulación de los algoritmos está demostrada. Puede ser utilizada para otros fines, incluidos los demás objetivos políticos de los promotores del odio racial, religioso y nacionalista.

A los musulmanes no les fue mucho mejor en las pruebas de búsqueda y más valía no atreverse a escribir “Son las mujeres…”, porque “malvadas” era la sugerencia inmediata. Cadwallader escribió sus consultas en inglés. Ese es su idioma y también el del movimiento extremista conocido como “Alt-right”. Por eso, una cantidad inusitada de ataques cibernéticos contra el presidente electo francés, Emmanuel Macron, y a favor de su rival fascista no fueron escritos en lengua gala, pero ningún país o idioma están a salvo.

Armando González es director de La Nación.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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