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Fundamentalismo medieval

Actualizado el 18 de abril de 1995 a las 06:00 pm

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Fundamentalismo medieval

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Juan Antonio Sánchez Alonso
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Juan Antonio Sánchez Alonso
Rachida Hammadi, periodista argelina de 32 años, ha sido la última víctima del fundamentalismo islámico al morir abatida a balazos por un comando integrista. Ni un imán (sacerdote) acudió a su entierro para pronunciar la oración fúnebre acostumbrada. No es la primera mujer periodista, ni desgraciadamente parece que será la última, que muere sacrificada por los comandos armados que desean que Argelia retorne a la barbarie medieval.

Ante la ausencia de un clérigo islámico, las palabras póstumas por Rachida las pronunció un colega de la televisión estatal argelina: "Yo no soy un imán --dijo--, pero rezad para que todos los argelinos volvamos a ser hermanos." Sumergidos, como estamos, en la cotidianidad y en la multiplicidad de problemas locales e internacionales, la prensa mundial no le ha prestado la atención que requiere al drama argelino. Más de treinta periodistas han muerto, así como una larga cadena de deportistas e intelectuales, que han defendido un sistema de vida laico, contrario a las imposiciones integristas que conspiran contra la libertad de expresión y el uso de costumbres occidentales. El caso de Rachida se repitió, hace unos días, con varias integrantes de la selección de básquet femenino de Argel, muertas a tiros por practicar un deporte que "va contra" el Islam.

Según el Corán, las mujeres no pueden asistir a los entierros pues constituye una profanación, hecho que sí se dio en el sepelio de Rachida, donde una nutrida representación de la Asociación Argelina de Mujeres Demócratas hizo oír sus voces de protesta. Lo que empezó siendo en esa nación africana un brote de xenofobia, lleva camino de convertirse en un integrismo tipo Irán, donde no llevar chador (velo), o bien maquillarse, puede significar la muerte para una mujer iraní. Tanta sangre derramada durante la lucha independentista contra Francia para que Argelia esté camino de caer en el más feroz oscurantismo por culpa de una minoría extremista, sin ningún tipo de escrúpulos, que ve en la libertad de expresión, oral o escrita, un acto de sabotaje contra los postulados del Corán.

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