El reportaje del domingo, titulado “Jóvenes de Limón ‘se venden’ al narco por ropa, celulares y autos” nunca pretendió dañar a los jóvenes limonenses, más bien evidenciar a los que están en el olvido

Por: Armando Mayorga 6 diciembre

Una misión de los periodistas es visibilizar a las poblaciones en abandono y no ocultarlas, como pretenden los políticos y gobiernos en su intención de maquillar los problemas sociales, sobre todo en tiempos de campaña.

El domingo, La Nación publicó un reportaje titulado “Jóvenes de Limón ‘se venden’ al narco por ropa, celulares y autos”. Eso, no lo dijo la periodista, lo confirmaron tres jefes policiales que sí sufren al ver caras juveniles en prisión o en riesgo de muerte por su ambición, su falta de valores o su misma pobreza.

Dunia Sequeira, amiga y compañera en el Colegio Diurno de Limón, del cual egresamos en 1979, me expresó su indignación por el titular pues cree que los periodistas “nunca enfocan lo bueno, solo lo malo”. Como le expliqué, una misión nuestra es poner al descubierto los problemas sociales para que los políticos y gobiernos de turno los conozcan y los atiendan con acciones concretas.

Nunca, el reportaje quiso manchar la imagen de Limón. Soy limonense, y junto con la colega Vanessa Loaiza, supervisamos paso a paso la investigación de Magdalena López como parte de un proyecto del programa Punto y Aparte, el cual estimula nuevos talentos periodísticos.

Durante tres meses –desde el 1.° de setiembre–, ella investigó el problema, viajó varias veces a Limón y quienes le confirmaron el uso de que hacen los narcos de la juventud fueron Michael Soto, jefe de Planes y Operaciones del Organismo de Investigación Judicial (OIJ); Román Marchena, jefe de la Policía Judicial en Limón; y Nelson Barquero, comandante de la Fuerza Pública.

No se puede tapar el sol con un dedo: la juventud limonense está fuera del radar de los políticos y gobiernos de turno, no solo ahora, sino desde siempre, y solo eso explica lo que sucede y que quizás ofende, pero es real.

El reportaje no era solo un titular. Magdalena López dio la otra cara del problema: estudiantes de la UCR en Limón que se quejan del abandono en sus barrios, de los narcos y, que aun así, en pobreza, se resisten a caer en las redes delictivas y se proponen superarse con su esfuerzo. Ejemplares.

El reportaje nunca pretendió dañar a los jóvenes limonenses, más bien evidenciar a los que están en el olvido.

Armando Mayorga es jefe de Redacción en La Nación.

amayorga@nacion.com

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