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Actualizado el 29 de septiembre de 2013 a las 12:05 am

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Un espectacular golpe de timón renueva la oferta electoral socialcristiana y marca una ruptura radical con la estrategia del 2010. El partido deja atrás la modesta pretensión de ofrecernos al menos malo para postular al mejor, no de esta contienda, sino de todos los tiempos.

La conclusión no deriva de la lectura de alguna gacetilla, parcial y descontextualizada, de esas que se publican con frecuencia, sino de una sintética autobiografía publicada por el candidato en respuesta a una columna de este pecador, viva justificación de los confesionarios.

En palabras del candidato, estamos frente a un hombre con cinco especialidades médicas, todas ganadas con excelentes calificaciones, y un título de alta gerencia otorgado por el INCAE. Es hombre de familia, con una sola esposa y no está lejos de celebrar las bodas de oro. Llega temprano al trabajo, jamás se le ha acusado de falta alguna y no distrae su tiempo “en fiestas y tomatingas”.

Se define a sí mismo como “un hombre íntegro, un hombre probo”, comprometido con “la fraternidad, la hermandad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, la justicia social y la decencia”, además del amor a la patria. Es humanista y científico, catedrático y fundador de revistas especializadas. Nunca lo “agarraron copiando”, seguramente porque jamás copió, y tampoco le regalaron puntos en los exámenes.

Su pecado, “para algunos”, porque en la autobiografía no hay admisión de la mácula, es “ser lo que soy y ser como soy”, por la gracia de Dios. En cualquier caso, no sería una falta difícil de perdonar y a nadie le cerraría la puerta de los cielos. Es tan inocua como la “adicción” del candidato a la familia.

A temprana edad aprendió a “no robar”. Por eso, dice: “Estoy cansado de que a mi país lo estén saqueando desde hace rato. Los que prometieron echarse a Costa Rica al hombro, se la echaron a la bolsa”. Se declara, también, “cansado de quienes guardaron la doctrina en una caja fuerte y el dinero mal habido a la par”.

El viraje de la Unidad Social Cristiana no podría ser más dramático. Jamás hubo un candidato tan bueno. Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer, arquitectos de la Costa Rica de nuestros días, fueron casados en segundas nupcias.

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En conjunto, aquel par de gigantes definen la segunda mitad del siglo XX, pero sus logros académicos fueron mucho más modestos. Don Pepe ni siquiera fue médico. Confesaba con candor su condición de autodidacta, forjada en los salones de la biblioteca pública de Boston.

Medidos por la autobiografía del candidato socialcristiano, uno tras otro nuestros grandes estadistas caen cortos. Atrás quedaron los días del menos malo.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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