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Para asustarse

Actualizado el 10 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Para asustarse

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La Asamblea Legislativa está fragmentada. Ningún partido tiene mayoría y, por eso, es preciso incorporar al sistema político elementos del régimen parlamentario, razonan algunos diputados. El diagnóstico es correcto, pero, bien entendido, conduce a la conclusión contraria.

El fraccionamiento político, en un régimen parlamentario, causa inestabilidad, prohíja confusión, concede desproporcionada influencia a corrientes de pensamiento minoritarias y conduce a la parálisis. Bélgica vivió sin Gobierno durante 735 días entre el 2007 y el 2011. En seis décadas de posguerra, Italia pasó por cuatro decenas de administraciones, dato olvidado por quienes se divierten al recordar la larga lista de gobernantes bolivianos.

El 15 de setiembre del 2015, Inglaterra, cuna y modelo del parlamentarismo, dará marcha atrás a una larga tradición para vedarle al primer ministro la posibilidad de disolver el legislativo y convocar a elecciones anticipadas. El viceprimer ministro, Nick Clegg, defendió la medida por la necesidad de conseguir la “certeza y estabilidad de saber la duración esperada de un Parlamento”.

La adopción de una característica tan sobresaliente del presidencialismo como la elección del Poder Legislativo por periodos fijos (de cinco años, en el futuro caso de Inglaterra) coincide con el resquebrajamiento del tradicional equilibrio entre laboristas y conservadores. En realidad, no hay coincidencia. La irrupción de nuevas fuerzas empieza a fragmentar la política inglesa y crece la preocupación por la gobernabilidad.

Ninguno de los dos sistemas garantiza el progreso y la estabilidad. La nación más próspera del planeta inventó el presidencialismo y, a lo largo de su historia, los poderes del Ejecutivo han venido en aumento, pero el mismo sistema prevalece en algunos de los países más miserables de la Tierra. Inglaterra extendió su influencia por todo el orbe como potencia parlamentaria, pero el régimen exportado a sus colonias muestra, también, fracasos notables.

La adopción de instituciones ajenas a la tradición política nacional entraña importantes riesgos, sobre todo si se depositan en ella ingenuas pretensiones de armonía para un cuerpo político fragmentado. Un Ejecutivo nacido de esa fragmentación se verá en problemas para encontrar coherencia.

Hay dieciocho diputados liberacionistas, trece del PAC, nueve del Frente Amplio, ocho socialcristianos, cuatro libertarios, dos de Renovación Costarricense y tres fracciones unipersonales. Arme el lector la coalición de gobierno como guste, imagine el resultado y piense, por último, en la influencia concedida a cada una de sus partes. El ejercicio es para asustarse.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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