Por: Fernando Durán Ayanegui 12 octubre, 2014

Irak, marzo del 2003. Mientras el fanfarrón dictador Sadam Hussein anuncia que sus fuerzas armadas pelearán la “madre de todas las batallas”, se inicia la invasión del país por parte de una coalición a la que se integran simultáneamente dos grandes potencias militares: una del mundo en vías de desarrollo –Costa Rica– y otra del mundo en vías de inmersión –el reino insular de Tonga–. El pretexto básico para la invasión es la urgencia de despojar al régimen iraquí de unas armas de destrucción masiva cuya existencia nunca será demostrada y, si George W Bush, promotor y superlíder de la coalición, fuera clarividente, sabría cuál será la situación de Irak y su vecindario en setiembre del 2014 y, con mayor fanfarronería, anunciaría que, dentro de 11 años y medio, él será el “padre de todos los desmadres”. Pero Bush no es clarividente, defecto al que se sumará luego el de ser amnésico, a menos que se trate de que entre el 2008 y el 2014 será sometido a una cura de desintoxicación del aroma que emana del cuero curtido en Mesopotamia.

Última semana de setiembre del 2014. Entrevistado en un programa de televisión estadounidense, el expresidente Bush declara que, “obviamente, el pueblo iraquí tendrá que decidir si quiere o no quiere vivir en paz, y la lección que hemos aprendido recientemente es que aún no está listo para hacerlo por su propia cuenta”, y le recuerda al entrevistador que él mismo, Bush, advirtió en el año 2007 que, con una temprana retirada de las tropas norteamericanas, se correría el riesgo de provocar una espeluznante oleada de asesinatos en masa y el consiguiente retorno de esas tropas. Pero, cuando se le pregunta cómo lo sabía entonces, tan solo replica: “Conozco la naturaleza del enemigo”. Todo esto, dicho, sin la menor duda, con el propósito de presentar al presidente Obama como un líder débil y vacilante por haber retirado las tropas norteamericanas de Irak demasiado pronto: en el año 2011, como se sabe.

Pero aquí es donde la amnesia –o la costumbre de mentir, propia de los políticos– traiciona a G. W. Bush. Resulta ser que, el 12 de diciembre del 2008, el presidente de Estados Unidos –todavía Bush– convocaría a una conferencia de prensa en la que anunciaría, justamente, que las tropas estadounidenses serían retiradas ¡en el 2011! Es decir, que fue George W. Bush, y no Barack Obama, quien determinó que ese sería el año de la retirada. Con tan mala pata para Bush que aquella conferencia de prensa no será olvidada por nadie, porque fue en su transcurso cuando, tras el trascendental anuncio, un periodista árabe le lanzó sus zapatos gritándole: “Esta es una despedida…”.

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