Por: Fernando Durán Ayanegui 30 noviembre, 2014

Había una vez un panadero tan tímido que no permitía que los parroquianos lo vieran amasando la masa, aunque algo se vislumbraba a través de una puerta entreabierta. Como ocurrió en nuestra panadería digital, cuando un colega comentó la limitación en el tamaño de las columnas de opinión causada por un cambio en la diagramación del periódico. Nada del otro mundo: entre ocho y quince palabras menos, que no es mucho dejar de decir. Las reglas son claras: hay un “número máximo de espacios disponibles” y a él nos atenemos sabiendo que, a veces, no sabemos si le estamos poniendo menos atención a lo que escribimos que al cómo lo acomodamos. Lo cual carece de importancia, pues lo que aquí tecleamos tiene una expectativa de vida no mayor de 18 horas. Queda un problema de comunicación cuya solución depende tanto del columnista como del lector. El primero querría entrar en detalles que, finalmente, se ve obligado a abandonar por falta de espacio; el segundo desearía, por razones estéticas o de equidad, ver repetidos ciertos datos que solo vendrían al caso si el espacio fuera ilimitado.

La semana pasada, al comentar una entrevista que le hicieron en la TV, en torno a su viaje espacial de 1985, afirmamos que el astronauta Rodolfo Neri es el “segundo latinoamericano y primer mexicano en viajar al espacio”. La frase no pretendía ignorar a los otros latinoamericanos que fueron al espacio antes o después de él, ni sugerir que no habrá un segundo mexicano que lo haga. De haber mencionado, pongamos por caso, a todos los astronautas iberoamericanos, la columna se habría desbordado por encima de sus límites hasta lo impublicable.

Un estimable lector nos declaró omisos, por lo que volvimos a leer nuestro texto con el fin de descubrir en él cualquier expresión que tuviera un matiz excluyente, pero no llegamos a encontrarla. Por otra parte, alguien nos advirtió que estábamos equivocados, pues a Neri le corresponde el mérito de haber sido el primer astronauta latinoamericano, ya que al cubano Arnoldo Tamayo, quien formó parte de una expedición espacial soviética muy anterior, las autoridades le habían dado el título de cosmonauta, no el de astronauta. Nos vino entonces a la mente un tema que en días recientes ya había sido objeto de una información de primera plana. Afirmaba el o la periodista, refiriéndose al examen de español en las pruebas de bachillerato del 2014, que a lo que más le temían los tensos examinandos era al test de comprensión de lectura. A saber por qué.

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