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Sana Crítica

Vuelo MH370

Actualizado el 23 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Vuelo MH370

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La desaparición del vuelo de Malaysian Airlines MH370 el pasado 8 de marzo, además de constituir una tragedia para los 227 pasajeros, 12 tripulantes, sus familiares y seres queridos, revela nuevas vulnerabilidades en la seguridad de la aviación civil que demandan nuevas acciones de los Estados.

“Todo bien, buenas noches”. Estas fueron las palabras del copiloto en la última transmisión registrada que precedería a un largo e inquietante silencio de más de diez días, nutrido por múltiples hipótesis, pero con escasa o nula información que, al momento de escribir esta columna, brinde luz sobre el paradero del Boeing 777-200.

La desaparición del vuelo MH370 ha entrado ya a los anales de la historia de la aviación, al constituirse en uno de los casos en que un avión dura más días sin paradero conocido, pese a la participación, en su búsqueda, de más de una veintena de países.

Esto ocurre en la era en que una simple app permite el seguimiento de un vuelo comercial, y en un mundo de crecientes controles de seguridad post-11 de setiembre que hace impensable que una persona o pequeño grupo tengan la capacidad de deshabilitar los diversos mecanismos de transmisión de datos de una aeronave comercial, tales como el radar secundario (código de cuatro dígitos) o el Acars (Aircraft Communictaions Addresing and Reporting System), y de anular las comunicaciones de sus ocupantes, al punto de convertir el vuelo MH370, literalmente, en un fantasma.

¿Secuestro, sabotaje, suicidio, falla técnica o humana? Son hipótesis sin respuesta, que en sí revelan vulnerabilidades civiles y también militares en una de las zonas geográficas y geopolíticas más “calientes”.

Para países como Malasia, China, Pakistán y la India, que han invertido en proyectar su fortaleza militar en la región, tener que admitir la posibilidad de que un vuelo navegue por su espacio aéreo sin detección ni reacción militar es un fuerte golpe a su credibilidad.

Para algunos especialistas, la resistencia de los Estados a mostrar sus debilidades o sus fortalezas militares ha operado como un obstáculo para avanzar con mayor celeridad en el esclarecimiento del destino de la aeronave y sus ocupantes.

Los controles de seguridad quedaron igualmente en entredicho cuando se determinó que dos jóvenes iraníes volaban con pasaportes de ciudadanos europeos, robados en Tailandia, dos años antes.

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Hoy nos solidarizamos con los inocentes que el azar ubicó en el vuelo equivocado, y deseamos que no sea este su destino final. Si así lo fuera, nuestro mandato y homenaje a sus vidas sería impedir que esta triste historia vuelva a repetirse.

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