Opinión

Vientos a favor

Actualizado el 17 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Que la economía internacional crezca poco y que la situación fiscal nacional sea muy mala, no parecen afectar negativamente a Costa Rica. Nuestros indicadores macro muestran, más bien, una economía con crecimiento favorable y estabilidad financiera. ¿Es eso una realidad o es pura suerte? El ingreso de inversión extranjera directa es la principal razón que permite a la producción crecer favorablemente.

A pesar de que se dice que somos un país caro, seguimos siendo muy competitivos en los sectores productivos que demandan personal calificado, como los de alta tecnología, servicios y turismo.

Costa Rica sigue aprovechando muy bien la inversión que se hizo en décadas pasadas, sobre todo en un buen diseño institucional, de educación y salud. Por eso, el Índice Global de Competitividad nos ubica en el puesto 52 de 140 países evaluados. Sin embargo, el mismo índice señala algunos defectos que amenazan el aprovechamiento de dichas ventajas, tales como la baja calidad de la infraestructura, el desperdicio en el gasto del Gobierno, el peso de las regulaciones gubernamentales, la dificultad para empezar negocios nuevos, la alta tasa de impuestos a las ganancias y el poco desarrollo del sistema financiero.

Dicho índice también nos da una mala calificación en el ambiente macroeconómico. Eso suena extraño, cuando tenemos un escenario de aparente estabilidad financiera. La inflación es baja, el tipo de cambio estable y las tasas de interés van para abajo. Lo que el índice critica fuertemente es el alto déficit fiscal, en cuyo rubro somos el país 124 de 140.

Aunque el alto déficit fiscal no se ha reflejado en inestabilidad, sí es un factor que va en contra de la competitividad del país. Los efectos negativos del déficit no han surgido porque el comportamiento de la economía internacional nos ha favorecido enormemente. La caída de los precios internacionales de las materias primas (petróleo y otros), junto con la prevalencia de bajas tasas de interés, nos ha ayudado a financiar, de manera relativamente fácil, nuestro desbalance interno. Si no fuera por eso, la inflación sería más alta, el tipo de cambio ya se habría devaluado y las tasas de interés irían para arriba.

La suerte de tener vientos económicos internacionales favorables nos permite crecer con estabilidad. Pero esos vientos pueden cambiar en cualquier momento. Por eso deben tomarse las medidas necesarias para corregir los factores que afectan negativamente la competitividad antes de que sea muy tarde.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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