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Actualizado el 02 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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El Partido Acción Ciudadana (PAC) comenzó a discutir, este fin de semana pasado, una serie de propuestas para purificar la calidad de los aspirantes a diputados para las elecciones de febrero próximo. No tenemos noticia del éxito de estas iniciativas en el seno de la Asamblea Nacional de este partido, pero, sea lo que sea, tendrán un efecto beneficioso en el orden moral.

Tampoco se sabe cuál será su acogida en el orden legal.Sin embargo, el hecho mismo de su presentación y discusión pública a la hora de seleccionar a los candidatos a diputados compromete seriamente al Partido y, por la razonabilidad de las mociones, aun el propio debate contiene un mensaje positivo desde el punto de vista político, cualquiera sea el resultado final. Dadas las desviaciones observadas en los partidos políticos en estos años y la ausencia de decisiones o propuestas renovadoras, que hagan pensar o induzcan al cambio, la peor vía en estas circunstancias es la quietud o la indiferencia.

Estas iniciativas, que conforman parte del Reglamento para la Inscripción de Candidaturas a Diputados, son las siguientes: presentación de la hoja de delincuencia a los candidatos a diputados, probar que no son acosadores sexuales y que son fieles cumplidores de las normas de la CCSS y del Ministerio de Hacienda, copia de títulos académicos citados en sus currículos y una declaración jurada sobre procesos penales pendientes de resolución por hostigamiento sexual, laboral o por agresión doméstica.

En fin, es preciso colocar la moral pública y personal en el sitial de honor en la política nacional, mas no solo en el orden verbal o teórico, sino con apego total a los hechos o a la conducta personal. Esto quiere decir que si un aspirante a un cargo público relevante en la esfera del Estado ha mentido, engañado o falsificado los hechos, ha de pagar las consecuencias. Este es el mayor homenaje que la política debe rendir al valor ético supremo: la verdad.

Esto quiere decir que la mentira se ha convertido en la moneda de curso corriente en la política nacional. Lo que en estos años hemos observado y sufrido en la Asamblea Legislativa no tiene parangón, al punto de que se ha perdido el sentido y valor de la vergüenza. No queda, por ello, más que enfrentar a los futuros diputados con exigencias y normas concretas, de tal suerte que sean los propios electores los vigilantes y sancionadores de sus actos y omisiones. Una de las razones del descenso de la moral en la política nacional ha sido el mal ejemplo de los de arriba, la alcahuetería o la falta de sanciones. Esta campaña electoral tiene, por ello, un valor excepcional en cuanto a los valores éticos y legales del país.

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