Opinión

En Vela

Actualizado el 29 de julio de 2013 a las 12:02 am

Opinión

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

¡Cuán difícil resulta escribir sobre la sencillez y humildad de las personas buenas, que pasan por la vida haciendo el bien! ¡Qué fácil, por el contrario, escribir sobre lo contrario!

El papa Francisco está realizando, sin proponérselo, la revolución de la sencillez y de la humildad, esto es, la revolución de la verdad. Así está llegando al corazón y a la mente de la gente, de toda la gente.

Se ha metido, con palabras simples, y, a la vez, cargadas de sentido en todos los ámbitos de la existencia. Y habla así porque él es así, simple, llano y, al mismo tiempo, profundo. Es imposible no detenerse en su discurso para pensar y meditar. Así hablaba Jesús.

Estamos habituados a la palabra pomposa y engañosa, que se olvida no más se escucha, si es que se escucha, portadora de falacias, que no inspira ni eleva. ¡Qué derroche! Olvidamos el más grande de los elogios sobre su potencia espiritual: “En el principio estaba la palabra y la palabra era Dios”.

La palabra del papa Francisco no se remansa tampoco en las figuras literarias. El suyo es un lenguaje directo, fundado en los hechos y en la experiencia. En estas semanas de papado nos ha desnudado, con respeto, a todos y, en primer lugar, a la propia Iglesia, sin ofensas, sin diatribas, sin poses, sin prepotencia.

Nos invita a buscar “con valentía” las causas de la defección de los cristianos, exige una visión humanista de la economía y clama por el servicio en las favelas, donde está Cristo; denuncia el alejamiento de muchos cristianos de las necesidades de la gente y el lenguaje rígido y frío de los que deben ser guías espirituales y amorosos, y nos invita a no temer las nuevas cuestiones y menos a enclaustrarnos, sin Dios, en las casas o en las oficinas…

En Brasil el papa Francisco expresó: “Hace falta una Iglesia que sepa dialogar con aquellos que huyendo de ella vagan sin una meta, capaz de descifrar la fuga y que se dé cuenta de que las razones por las que se alejan contienen ya en sí mismas los motivos para un posible retorno, pero es necesario saber leer el todo con alegría… La Iglesia no puede alejarse de la sencillez y la simplicidad, y no debe ceder al miedo, el desencanto, el desánimo y las lamentaciones”.

PUBLICIDAD

A los poderosos les recordó las palabras del profeta Amós: “Venden al justo por dinero, al pobre por un par de sandalias, oprimen contra el polvo la cabeza de los míseros y tuercen el camino de los indigentes”.

El papa Francisco nos está cambiando y va a cambiar el mundo.

  • Comparta este artículo
Opinión

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota