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Actualizado el 12 de julio de 2013 a las 12:02 am

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Faltan 10 meses para que los actuales diputados dejen sus curules y sean sustituidos por otros 57. Es decir, llegó la hora fatal de la rendición de cuentas. Algunos datos sobresalientes sobre la actuación de esta Asamblea Legislativa se publicaron ayer en este periódico.

Son, en verdad, desalentadores. No nos referimos a la lista de los proyectos aprobados en el parlamento en estos años, sino a un dato mucho más serio y significativo: al concepto que la gente tiene de ellos, que se expresa no con números o adjetivos, sino con el desconocimiento de ellos, al punto que no se sabe si existen o no. Los ciudadanos no conocen los nombres de la mayor parte de ellos, confunden los nombres, califican como diputados a personas que no lo son ni fueron o a otros que ya murieron, pero que tampoco fueron diputados y ni conocen las oficinas del parlamento.

La información de ayer de este periódico es reveladora no solo por esta monumental y exquisita ignorancia sobre la labor y la existencia de los diputados, sino por su proyección hacia el futuro, en particular sobre los resultados de la próxima elección. No puede negarse que, aun en este marco de ignorancia, hay diputados que han dignificado al parlamento, pero, como ocurre siempre, basta que un grupo haga lo que le venga en gana, para que todos sufran. Entre estos figuran los más parlanchines y más irresponsables, los figurones y hasta los más allegados a los periodistas que suelen exaltar su verborrea.

Según la investigación de Unimer, para La Nación , dos son los diputados más conocidos. Uno conquistó el 6% y el otro el 4%. Un empate técnico. Ambos competirán para la presidencia de la República en 10 meses. Por cierto, en la encuesta figura como diputado el actual candidato presidencial del PLN, pese a que, hasta hace pocos días, renunció a la alcaldía de San José. También algunos encuestados incluyen en la lista de diputados actuales a un ilustre cartaginés, que lo fue hace 11 años. Es decir, estos diputados tienen el poder de modificar la Constitución en una encuesta, de resucitar y de secuestrar.

Y su poder es tan vigoroso que, tal como lo consigna el periodista Álvaro Murillo, autor de la nota, hay ciudadanos que “siguen viendo en su curul al exdiputado José Merino o siguen oyendo sus vociferantes discursos”. No es de extrañar, entonces, que el 65% de los encuestados no recuerda un solo nombre de un diputado y solo el 5% de tiene un buen concepto de la Asamblea Legislativa.

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En estas condiciones y en este océano de ignorancia, ¿hacia dónde vamos? Y¿a cuántos importa?

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